El Ministerio desoye a los profesores0

Lectures (665) 14/01/2005, 10:59  |  ANCABA.-Julián-Martín-Martínez  |  Etiquetes: #LOCE,

El Documento ofrecido por el MEC para la eliminación de la Ley de Calidad (LOCE) ha dejado fríos a los profesores. Las expectativas de una oferta fresca y unas soluciones atractivas se han visto defraudadas.

Los profesores veían una solución aceptable en los Itinerarios y en los PIP

Aquello de la imaginación al poder ha quedado en la memoria histórica. Todo ha acabado en Yerma, en una esterilidad que puede ser una tragedia para la edad adolescente. Está claro que las soluciones son habas cantadas. En la baraja hay pocas cartas que ofrezcan posibilidades de arreglo. Pero siempre podrían sacarse una carta de la manga, sobre todo si uno se cree un mago. Carta mágica que se esperaba más cuando se desoyen las voces de los profesores. Carta de tahúr cuando parece que van a desaparecer un mínimo de exigencia por parte del sistema y una dosis de esfuerzo por parte del alumno, concausas ambas que podían sacarnos del pozo profundo en que nos vemos en el informe PISA.

El Ministerio lo tenía difícil y ahora lo tiene crudo. El Ministerio no ha recogido en el Documento las posturas expresadas por los profesores. Los resultados de la encuesta que Comisiones Obreras hizo pública en mayo estaban claros; coincidían con las encuestas anteriores a la LOCE y se ven reafirmados en las conclusiones de la encuesta de CSIF de este último trimestre de 2004. Los profesores veían una solución aceptable en los Itinerarios y en los PIP. No era la panacea, pero era lo más realista para esa edad (y la pena es que no estaba previsto en la Ley de Calidad que esta diversificación se aplicara antes). Entonces, ¿ por qué con aire iconoclasta se destruye lo referido a los Itinerarios y a los PIP? y ¿por qué se desoye lo que manifiestan los profesores encuestados? Esta actitud del Ministerio conlleva dejar tirados más tiempo todavía a los alumnos del segundo ciclo de la ESO y dejar inermes a los profesores.

No es extraño, en consecuencia, que cunda la desmoralización en los claustros. Los profesores se han plegado, sin dar batalla, y esperan a ver qué les echan.

El tratamiento de la diversidad mediante una enseñanza individualizada es, a la postre, una entelequia. Estas propuestas de actuación en subgrupitos quedan para la microenseñanza (grupos pequeños con alumnos que se encuentren en situación pareja). Pero la enseñanza en pequeños grupos dentro de una clase es prácticamente irrealizable porque casi todas las estrategias quedan inutilizadas cuando se juntan el atraso académico y las pocas ganas de aprender. El profesor no da abasto cuando se encuentra con una clase heterogénea en demasía (suponiendo siempre que hay un mínimo de orden). Entonces la tarea académica es prácticamente irrealizable porque requiere varias “programaciones de aula” dentro de la misma clase para atender a los dos o tres niveles que en ella se integran. Si un profesor tiene cuatro grupos de alumnos y realiza tres “programaciones de aula” por grupo, al final tendría que tener en la cabeza doce programaciones en la cabeza para trabajar cada día. Esto es muy bonito proponerlo y aconsejarlo en una clase de didáctica, pero los predicadores de estas teorías nunca han tenido la oportunidad y menos la obligación de ponerlo en práctica.

Lo posible, lo ejecutable es programar para alumnos cortados por un patrón semejante. Una programación específica para un aula con unos alumnos de determinado corte tiene posibilidades de ser llevada a efecto. Lo primero que sondea cada profesor al comienzo de curso es el perfil de los grupos que le han tocado. El profesor asume esa realidad y, si los alumnos tienen características semejantes, puede afrontar su problemática y preparará los recursos adecuados para sacar lo mejor de cada alumno (para que ellos lo saquen de sí mismos). Pero si a la postre la heterogeneidad le reclama una docena de programaciones de aula, acaba postrado y derrotado.

Estos planteamientos es como si fueran engañabobos. Pero desde luego los profesores ni son bobos ni se dejan engañar. ¿Quiénes serían finalmente los engañados y perjudicados sino los alumnos y las familias?

Lo razonable es tener en cuenta los resultados de las encuestas, por supuesto los apabullantes resultados del informe de la OCDE y también los cercanos y calientes de diversa fuente como los de Comisiones Obreras y los de CSIF que recogen las opiniones y el pálpito de los profesores . ¿Por qué el Ministerio del actual Gobierno pasa por alto las opiniones de los profesores (de esos que no saldrán a gritar a la calle) y que son mayoría, que son los artesanos de la enseñanza y de la educación? El concierto implica, al menos, usar un poquito la razón. Pero aquí parece que no convergen ni la razón ni el sentido común, no digamos ya el sentido de Estado. Si se desoye al profesorado, vano es acuerdo o convenio alguno.

Todo esto al profesor le debilita, hace que se quede sin pulso y desde luego sus convicciones y su fuerza moral quedan bajo mínimos. Cae en el desamparo administrativo. Seguirá trabajando como pueda o como le dejen, apoyado no ya en su fuerza sino fiado en su fe inquebrantable en lo que decía H.B. Adams: “Un profesor trabaja para la eternidad: nadie puede predecir dónde acaba su influencia”. El profesor repetirá el axioma, pero en vez de decirlo con optimismo y esperanza, lo confesará con resignación.

Julián Martín Martínez
Presidente de la Asociación de Catedráticos de Instituto (ANCABA)


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