Objetos de amor e indisciplina0

Lectures (1291) 27/02/2005, 14:32  |  Diario-Vasco.-IÑIGO-URRUTIA  |  Etiquetes: #Salut laboral, #Mobbing,

Los niños acosadores y acosados en la escuela son víctimas y si no se les ayuda, interiorizarán sus papeles y en la edad adulta serán «unos desgraciados». Este es el pronóstico de Plácido Blanco, doctor en Ciencias de la Educación y experto en Psicopatología, que ha elaborado el test Bullingo para que los padres sepan cuándo su hijos están sufriendo acoso escolar y, si así es, para que actúen en sintonía con los profesores.

"Bullingo", elaborado con la colaboración de padres y niños, puede obtenerse gratuitamente solicitándolo al autor en su instituto (teléfono 988 320 950).

El Bullingo es un cuestionario concebido para que sirva como guía a los progenitores, que muchas veces perciben difusamente que algo le pasa a su hijo. «Muchos padres tienen prejuicios y les cuesta acudir al psicólogo o al psiquiatra, incluso al tutor. No saben qué hacer ni por qué su hijo tiene un comportamiento anómalo». El test pretende alumbrar si la causa del malestar es el acoso escolar.

Plácido Blanco, que ha recibido peticiones de diferentes países europeos y de Argentina para que les facilite el cuestionario, sostiene que para «empezar la casa por los cimientos», las pesquisas para diagnosticar acoso deben comenzar en el hogar, no en la escuela. «Un escolar acosado y perseguido sufre un auténtico drama y la escuela no es el mejor sitio para que responda a una encuesta, porque las respuestas estarán sesgadas. En su hogar está en su medio y responderá con veracidad».

Influencia demoledora

El bullying afecta a un 4-5% de la población escolar, -a 25 escolares en un colegio de 500 alumnos- y su influencia en el desarrollo de la personalidad puede ser demoledora. No sólo en el acosado, también en el acosador y en los compañeros que asisten al maltrato como espectadores pasivos.

Blanco, que trabaja como orientador en el instituto Martaguisela de Barco de Valdeorras (Orense), señala que el escolar que acosa suele tener una personalidad «histriónica, paranoide o narcisista, pero sobre todo es inseguro; su seguridad está sobre la cabeza del acosado. Para triunfar necesita tener a alguien sometido». Si no se le trata y ayuda, en la edad adulta «sólo podrá mantener relaciones de dominio y sumisión». El niño o adolescente acosado llegará a la madurez lastrado «por una baja autoestima, sumiso y dominado» por los demás, advierte.

En el caso de los escolares que asisten impertérritos y como cómplices pasivos a los abusos y maltratos que sufre un compañero, Plácido Blanco sostiene que «se están entrenando para ser en el futuro personas insensibles a cualquier problema, porque se habrán acostumbrado a no compartir los problemas de los demás. Serán tan inseguros que por miedo serán incapaces de enfrentarse a nadie».

Esta prospección a la edad futura de vivencias dramáticas en la edad escolar le lleva al autor de Bullingo a compartir el criterio de expertos australianos que equiparan bullying y mobbing, es decir, el acoso y maltrato en el centro de trabajo. «Al final se trata de maltrato entre iguales, unos acosadores, otros acosados».

Ayuda de los padres

El test comprende cuatro bloques de preguntas que debe rellenar el niño con la ayuda de sus padres, que deben actuar de manera distendida y cordial. Además hay un bloque de preguntas para los padres.

Si la suma de los resultados obtenidos supera un nivel determinado, los padres deberán entregar el cuestionario al profesor o tutor, que también deberá rellenar una encuesta. La suma de resultados determinará el nivel de acoso, sea éste nulo o requiera atención psicológica.

Blanco agrega que si se detecta una situación de acoso, el colegio debe actuar con prontitud para atajarlo, pero no de forma colectiva. «El tratamiento no debe ser colectivo, en la clase, sino personalizado, para proteger a la víctima, y también para tratar al acosador, que necesita ayuda». Si no la acepta y persiste en el maltrato a sus compañeros de colegio, el autor de Bullingo aconseja que la actuación sea más expeditiva y se le abra un expediente.

Objetos de amor e indisciplina

Las denuncias por acoso escolar han proliferado desde que se produjo el trágico suceso de Hondarribia, en septiembre del año pasado, pero el maltrato en la escuela ha existido siempre.

No obstante, Plácido Blanco precisa que, si bien existe literatura científica sobre esta cuestión al menos desde 1929, el cambio social acentúa en cierto modo la «carencia de amor» que está en el sustrato del bullying. «Hoy damos a nuestros hijos quizás más amor que nunca, pero lo expresamos con objetos. No les falta nada material, pero deberíamos preguntarnos si ellos traducen esos objetos por amor».

Del mismo modo, apunta que la tradición autoritaria del franquismo dio paso a una democracia en la que el péndulo de la disciplina se desplazó de un extremo a otro: «Hay una relajación excesiva de la diciplina en los centros. Los profesores se quejan de que a los niños no se les ponen límites, y que mandarle a un chico a casa por una semana no tiene ninguna eficacia».

Frente a un contexto social adverso, Blanco se congratula de que al menos se haya activado la preocupación ciudadana ante el problema del maltrato escolar. «El trágico caso de Jokin, con todo lo que sufrió ese niño, ha contribuido a que la gente esté muy sensibilizada. La tragedia de Jokin ha servido, si así se puede decir, para que haya una suerte de conciencia entre la gente de que hay que parar este drama».

En su trabajo como orientador en un instituto de Orense recuerda un caso en el que la víctima llegó a quedarse ciega. «Le llevaron al médico, no acertaban a diagnosticar qué le ocurría, hasta que se determinó que había tenido una pérdida psicológica de visión porque estaba siendo acosado».


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