'Bullying' o 'exagerying' Nahasmena, errugabetasuna, bakarmena0

Lectures (690) 13/03/2005, 21:38  |  Diario-Vasco.-PACO-MARÍN-GURUCEAGA/FÍSICO  |  Etiquetes: #Salut laboral,

El tema es lo suficientemente serio e importante como para no frivolizar. El luctuoso suceso acaecido en Gipuzkoa el curso pasado le impactó a Ud., y me impactó a mí, como no podía ser menos. E indudablemente contribuyó a sensibilizarnos con un problema que existe, no se puede soslayar y al que hay que poner remedio. Pero una cosa es el bullying y otra muy distinta la locura colectiva que parece haberse desatado en algunos sectores sociales calificando lo que son prácticas habituales en el proceso de adaptación social de nuestros jóvenes como acciones delictivas que, como mínimo, merecen una denuncia ante los tribunales de justicia y amplia difusión entre la opinión pública.

Resulta que, de un tiempo a esta parte todo pichichi supone que su hijo o hija está sometido a un acoso abusivo de sus compañeros y compañeras de clase y que, evidentemente, esa situación exige una ejemplar respuesta y cuanto más contundente mejor. Pues, no señora o señor. Una cosa es un acoso continuado y persistente de un grupo de compañeros y de compañeras a un alumno o alumna en un centro de enseñanza, con el desconocimiento cierto, la ignorancia consciente o la postura pasiva de sus profesores que afecta gravemente a su situación personal y otra muy distinta los cotidianos conflictos relacionales entre gente joven.

Porque, vamos a ver: ¿Ud. cree, con el corazón en la mano, que la discusión entre dos chavales por la posesión de un balón en un recreo, incluidos insultos, puede calificarse de bullying?.¿Ud. cree que una discusión entre dos chicas porque el día anterior a una de ellas le pareció que la otra se insinuaba a su chico es bullying?. ¿Ud. cree que decirle a un compañero que su resultado en un examen ha sido bueno porque la 'profe' le tiene pelota, es bullying?.¿Ud. cree que dejar de invitarle a su hijo a la fiesta de cumpleaños de un colega es bullying?. Pues hay bastantes padres y madres que piensan que si.

¿Que lo que le digo le parece una exageración?... Vaya, vaya a la Delegación de Educación de Gipuzkoa e infórmese de las denuncias que reciben todos los días y brujulee en las paradas de los autobuses de los centros de enseñanza. Si esto no es una especie de catarsis colectiva que vengan los del CSI y lo investiguen. Podría ponerle otros tropecientos ejemplos tan comunes como los que anteceden. Pero no le quiero abrumar con historias cotidianas que Ud. puede haber conocido en otras familias próximas.

Todos esos pequeños conflictos ni son bullying per se ni berberechos en vinagre. Son simple y llanamente situaciones propias de nuestra condición humana, acrecentadas en personas que se encuentran en pleno proceso de formación. Si se dan en individuos e individuas hechos y derechos, cómo no se van a dar en juvencos en plena efervescencia.

Las madres y los padres somos la repanocha en la sobreprotección de nuestros hijos. Y los aitonas y amonas ni le cuento. Este fenómeno se ha ido incrementando con el paso del tiempo. La explicación es de parvulitos. Cada vez más, todos los padres y las madres somos capaces -«faltaría plus»- de dar la vida por nuestros retoños. Pero muy pocos lo son de darles quince minutos todos los días. Si es Ud. uno de ellos, dése por felicitado. Es Ud. miembro de una minoría superselecta de la población. Y esa situación pasa factura cuando héte aquí que -la vez anterior fue un mes antes- un hijo habla con su padre, por que la tele está estropeada. Y ese día, le cuenta compungido que fulanito le ha quitado el balón en el recreo o que le ha tirado una tiza en clase. En este tipo de situaciones lo que se oye a través de las paredes suena como algo así: «¿Hasta ahí podríamos llegar!. ¿Se van a enterar en el cole quién es el hijo de tu padre!...» Y se lió.

La hipersensibilidad culpable, producto de remordimientos subliminales por nuestras diarias carencias como padres, condiciona una respuesta radicalmente opuesta a la que necesita nuestro confuso y apesadumbrado hijo o hija. En lugar de desdramatizar y suavizar la situación, todo lo contrario.

Pero hay más. Últimamente parece que, aparte del asunto del tres por ciento que afecta a Catalunia, del misterio del Windsor en la Comunidad de Madrid y de la anorexia de la Letizia en las revistas y programas del corazón, el bullying es un tema reiterativo en los medios. Sólo falta que el Pelanas de Vaya Semanita lo padezca.

Sería muy conveniente que quien ayuda a crear opinión en nuestra sociedad reflexione sobre la necesidad de trasladar a sus lectores, oyentes o videntes, criterios profesionales sobre el fondo de la cuestión que nos ocupa y pautas responsables de erradicación. En caso contrario, los verdaderos perjudicados serían los que lamentablemente sufren y padecen, en sus propias carnes, el acoso escolar y sus familias.

Es verdad que el problema no es sólo de los padres y de las madres hiperculpabilizados, ni de los medios de comunicación . Evidente que no.

Claro que a algunos profesores y profesoras les sobra 'bocación' y les falta vocación en el ejercicio de su actividad profesional y pasan olímpicamente de sus obligaciones como maestros, en el sentido más digno del término. Claro que una parte de los centros de enseñanza carecen de protocolos internos para la detección del problema, desarrollados con la contribución de profesionales, y representantes de todos los sectores de la comunidad educativa. Claro que la Administración Pública se ha enterado -como casi siempre- a toro pasado y sigue sin poner los medios que debiera para solventarlo con eficacia.

Ni responsabilizo a los padres, ni a los medios de comunicación, ni a los profesores, ni a los centros, ni a la Administración aunque evidencie -desde mi limitada óptica- sus contradicciones y sus carencias.

Lo que me gustaría trasmitirle, además de cuanto antecede, es que el bullying es su problema y el mío, porque podría afectar a nuestros hijos. El mío y el suyo, como simples ciudadanos de a pie. Y esta posibilidad nos exige actuar en casa con la dedicación -en cantidad y calidad- que nuestros hijos requieren para estar cerca de ellos. Y que ellos sientan que nos tienen como personas y no sólo para satisfacer sus caprichos materiales con los que les abrumamos. Y en el cole, colaborando codo a codo con sus profesores.

El problema de los periodistas, de los tertulianos de los medios de comunicación, de los profesores y de la Administración Pública no nos es ajeno, pero que cada palo aguante su vela, porque el que siembra vientos recoge tempestades.

Tiene Ud. la garantía de que pondré todo mi empeño para que ni nuestros hijos e hijas, ni sus compañeros ni compañeras se vean sometidos a esta lacra social, como tampoco a otras igualmente perniciosas. Y contribuiré con mis limitados conocimientos a ayudar a quien la padezca y a sus familiares próximos. Ellos son los importantes en esta situación.

De todas formas puedo asegurarle que el bullying, siendo un problema gravísimo cuando ciertamente existe, se da bastante menos de lo que se dice y algo más de lo que a Ud. y a mí nos gustaría.


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