La droga avanza0

Lectures (663) 14/03/2005, 09:32  |  La-Vanguardia  |  Etiquetes: #Salut laboral,

España lleva camino de fracasar, si no lo ha hecho ya, en la lucha contra las drogas ilegales. Las estadísticas que se conocen al respecto son cada vez más alarmantes. Nuestro país, junto con el Reino Unido, está a la cabeza de Europa en el consumo de cannabis y de cocaína. Pero lo más preocupante es que este consumo crece principalmente entre los jóvenes, y a edades cada vez más tempranas. El éxtasis y otras drogas llamadas de diseño también se generalizan entre la juventud. La drogadicción, además, crece asimismo con fuerza en el ámbito rural.

La sociedad española asiste impávida al incremento del consumo de drogas. A diferencia de lo que sucedió en los años ochenta o noventa, cuando la heroína obtuvo un rechazo social generalizado al vincularla a los atracos y a las enfermedades graves, como el sida, ahora socialmente el fenómeno de la drogadicción se ha banalizado.

Preocupantes son los resultados de una reciente encuesta que señala que la mitad de los españoles asocia el consumo de drogas a la diversión y la moda. Eso sucede porque la mayoría de la gente no ve de una forma clara y evidente en qué medida le afecta negativamente. Falta información amplia y precisa al respecto, porque la realidad es que estas drogas, contrariamente a su falsa imagen de diversión y de progresismo mal entendido, resultan altamente dañinas para la salud. El cannabis, pese a la buena fama que le ha dado su utilización como paliativo en los tratamientos de quimioterapia, es una droga que engancha, que distorsiona la memoria, que dificulta la concentración y que es una de las causas del fracaso escolar y de la apatía profesional. A ello se suma la relación existente entre el consumo de cannabis y la aparición de cuadros psicóticos, incluido el riesgo de brotes esquizofrénicos, según recientes informes médicos. La cocaína puede provocar también una larga serie de problemas de salud, como graves alteraciones del sistema nervioso, cardiopatías de diversa índole, trastornos psicopáticos, embotamiento afectivo o lesiones cerebrales, entre otros. Ylo mismo puede decirse de las drogas de diseño, con el agravante de que las lesiones cerebrales que provocan pueden llegar a ser irreversibles.

La mayoría de las personas, especialmente los jóvenes, no son conscientes de las graves consecuencias en que incurren para su salud a medio plazo cuando fuman, inhalan o ingieren esas sustancias. Otro riesgo serio que corren es que nunca saben con certeza qué es lo que realmente están tomando ni el grado de adulteración que tienen esos productos.

Dada la elevada circulación de las drogas ilegales en nuestro país y la facilidad para adquirirlas, asi como la imposibilidad demostrada de frenar su consumo, las mínimas normas de sanidad pública exigirían que se vendiesen envasadas, con indicación de su contenido, con información detallada de sus riesgos, y que estuvieran sometidas al pago de impuestos para sufragar los gastos médicos que ocasionan al Estado, al igual que el tabaco. Pero eso significaría tanto como legalizar la droga, un debate que todavía es tabú en España.

Si la sociedad española no quiere regularizar el consumo de drogas y someterlas a control público sanitario y fiscal, entonces lo que debe hacer es tomarse realmente en serio la lucha contra esas sustanciales ilegales. Porque la verdad es que, hoy por hoy, parece que realmente la lucha contra la droga está fallando en todos los frentes.

Falla el sistema de prevención contra el consumo de drogas, tanto en las campañas públicas como en los colegios y las familias; falla la promoción de valores alternativos y fallan en buena parte los mecanismos de inspección y control, lo que posibilita un acceso fácil a ellas, incluso en las propias escuelas, ya que el pequeño consumo no se persigue.

La policía incrementa año tras año la interceptación de grandes alijos y las detenciones se multiplican, pero existe la sensación de que cada vez entra más droga por la sencilla razón de que aumenta la demanda, una demanda que no está penalizada por nadie. Nuestro país, además, es una de las grandes vías de penetración de las drogas ilegales en Europa, lo que hace que se necesiten más medios de los que se dispone para hacer frente a las mafias de narcotraficantes.

La sociedad española no puede seguir viviendo de espaldas a la creciente drogacción de una parte de su población, y sobre todo de sus jóvenes. Debería plantearse una actuación más seria, profunda y realista para combatirla. Aparte de ser una amenaza para la salud, las drogas convierten a una sociedad en física y psicológicamente más débil y vulnerable.


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