LA REFORMA EDUCATIVA. ¿QUE REFORMA?0

Lectures (536) 07/04/2005, 09:55  |  Diario-Córdoba/ANGEL-BLANCO  |  Etiquetes: #LOGSE, #LOCE,

En diciembre de 2002 el Gobierno del PP finalizó un largo proceso de debates y reflexiones sobre la reforma del sistema educativo español con la aprobación de la LOCE (Ley de Calidad de la Enseñanza). Una ley que pretendía por un lado la reforma de Logse, aquella ley que habían creado y puesto en práctica los gobiernos socialistas, y que el PP respetó hasta su total implantación. El Gobierno popular convivió con ella durante ocho años, pese a no estar de acuerdo, ni haberla votado a favor.

La reforma que se aprobaba entonces, la LOCE, había nacido tras un largo, y a veces tenso, debate en la sociedad española. Nadie puede discutir que se hizo con celeridad, que no tuvo oportunidad de participar, o que se hizo al margen del proceso de diálogo institucional y social.

No se puede quedar en el olvido que los cambios se producían por la necesidad que nacía de la realidad de las aulas y el clamor de una comunidad educativa y una sociedad que reclamaban (exigían) enderezar el rumbo. Los resultados de la aplicación de la Logse estaban encabezados por el mayor fracaso escolar de los países de la OCDE (ratificado por el Informe PISA 2003), por la convivencia deteriorada en los centros, por la frustración y desánimo del profesorado y por la falta de preparación de los alumnos que nos alejaba de convergencia educativa con el resto de las naciones europeas. Análisis y reflexiones compartidos por todos y a las hemerotecas me remito.

La Ley de Calidad había nacido bajo el signo de la esperanza en la mejora de la educación en España. Una esperanza que con la llegada del Gobierno socialista se transformó primero en dudas, luego en desconcierto y más tarde en inseguridad e inestabilidad.

En abril de 2004, nada más llegar al Gobierno, los socialistas anuncian el cumplimiento de su promesa electoral de reforma de la educación, mediante la paralización de la Ley de Calidad. La realizan en contra de amplios sectores sociales profesionales y educativos, incluso de las Comunidades Autónomas, algunas de las cuales ya habían iniciado su desarrollo normativo. Las dudas se transformaron en desconcierto para padres, alumnos y profesores. Hasta el sector empresarial de los editores de libros tuvo que levantar su voz. Nadie sabía (y me temo que no sabe al día de hoy) cuál era el rumbo a seguir.

A diferencia del Gobierno popular, en su tiempo, el Gobierno socialista no ha permitido que la Ley de Calidad se pusiera en marcha. Sin resultados no habría defensores de aciertos o errores.

Estoy convencido de que no se pueden encontrar satisfechos con el ¿nuevo? modelo educativo que ha presentado el Gobierno socialista las voces bien intencionadas, que en estos meses han abogado por un pacto en la educación que evite que muchos jóvenes pasen en su vida educativa por varias leyes y sistemas, y por la desorientación que en la comunidad educativa se vive.

Los problemas que dieron lugar a la necesidad de una reforma siguen estando ahí. Estamos convencidos que nunca hay soluciones mágicas, pero sí respuestas concretas y dialogadas a los problemas concretos y generales del sistema educativo español. Unas respuestas dialogadas con toda la sociedad (hecho que no ha ocurrido) y especialmente con los profesores que son los que viven el día a día en las aulas y que tienen la responsabilidad de hacer viable cualquier sistema educativo. El último proyecto socialista nos deja muchas dudas para saber si afronta el reto del impulso de modernización que necesita la educación en España. Saber si se va a incrementar la calidad, si se va a mejorar la escuela pública, si no va a disminuir las libertades de las familias, si nos vamos a acercar a los resultados de los países más desarrollados. Por último, nos gustaría saber si en el marco político actual el proyecto socialista garantiza una formación común para todos los españoles compatibilizando la vertebración y la unidad básica del sistema educativo español. Todos estos objetivos, junto con respuestas concretas a los problemas reales, estaban ya en esa Ley de Calidad que paralizó el Gobierno socialista, y si son compartidos por ellos qué nos aporta su nuevo modelo, qué reforma van a hacer. Nos tememos que, como en otras muchas facetas del Gobierno socialista, sólo hay palabras vacías con muchas sonrisas que pueden terminar en una terrible frustración para la sociedad española y que nos alejen durante años de la necesitada convergencia educativa europea.


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