Aborrecer la literatura0

Lectures (635) 08/04/2005, 10:13  |  La-Vanguardia.-EULÀLIA-SOLÉ

La chica tiene trece años y un libro juvenil en la mano, el cual ha de leer por obligación so pena de sacar mala nota en la evaluación. Se trata de La vuelta al mundo en ochenta días, y el interés que le despierta es nulo, no por el texto en sí mismo, ya que de hecho cualquier otra obra literaria le produciría idéntico efecto.

Los planes DE estudio están empeñados en crear analfabetos funcionales e incapacitar para la reflexión

¿Todos los profesores de lengua aborrecen los libros e imbuyen en sus alumnos la misma aversión?

Discute con sus padres porque pretende ver la televisión y leer al día siguiente por la mañana, antes de salir hacia el instituto. Proposición absurda que sus progenitores no admiten. Está obligada a leer el libro, igual que a hacerse la cama o bajar la basura hasta el contenedor. Al cabo ha de ceder; se tumba en el sofá acompañada de un reloj despertador y abre el aborrecido libro. Leerá hasta que suene la alarma, los minutos justos que ha previsto para su tortura. Antes y después de acabar está deseando que lleguen las vacaciones para no tener un maldito libro en sus manos.

¿Creen ustedes que este hecho es poco frecuente o que es habitual entre los estudiantes de nuestro país? Seamos sinceros y reconozcamos que se trata del pan nuestro de cada día, que no es preciso conocer el resultado de una reciente encuesta para comprobar que los adolescentes leen por gusto cada vez menos.

Esas mentes del sistema educativo vigente y constantemente reformado -que tendrían que ser preclaras- deberían preguntarse por qué sus dictámenes dan tan malos resultados desde hace años. Que se obligue a los alumnos a leer durante el curso, ¿de quién ha sido idea? Que la literatura como bella arte haya desaparecido del currículo escolar, ¿a qué criterio responde? Que los profesores de lengua, encargados de encajar la literatura en sus clases, empleen una pedagogía tan nefasta, ¿a qué se debe? ¿Todos, todos en conjunto aborrecen los libros y están dispuestos a imbuir en sus discípulos la misma aversión?

Dice la mencionada encuesta que cuando los alumnos dejan el instituto y siguen el modelo de los padres el índice de lectura baja notablemente. Es natural que ocurra así, puesto que muchos adultos de la última generación tampoco leen, fruto como son, también ellos, de la perniciosa política sobre lectura en la enseñanza. De poco servirá celebrar el año del Libro y la Lectura en medio de una ciudadanía desmotivada desde la adolescencia.

Las clases de literatura han de ser otra cosa, impartidas por docentes que aprecien a los autores y sus obras. A mí jamás me obligaron a leer un libro, y tanto mis condiscípulos como yo nos convertimos en fervientes lectores. ¡Bendita señorita Entizne!..., que nos hablaba del mundo en que habían vivido autores y autoras, de qué les había impulsado a escribir sus mejores libros y de qué trataban, qué situaciones sociales y políticas reflejaban, qué argumento tenían. Con entusiasmo nos apresurábamos a comprar una novela del escritor que había despertado nuestras preferencias, discutíamos sobre su argumento, nos prestábamos los libros. Sin obligación alguna, gozando de la lectura desde la adolescencia hacia delante. Todo lo contrario de lo que ocurre actualmente, empeñados los planes de estudio en crear analfabetos funcionales, en incapacitar para el conocimiento, la reflexión y el placer.

E. SOLÉ, socióloga y escritora


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