Nuevo calendario escolar0

Lectures (772) 12/05/2005, 10:14  |  Diario-de-Noticias.-Luis-azcárate/Pamplona  |  Etiquetes: #LOGSE, #LOE, #LOCE,

Con la LOGSE derogada, la LOCE en suspenso, y la LOE sin aprobar, el Departamento de Educación acaba de publicar una norma legal de extraordinaria trascendencia: la ampliación del calendario en la enseñanza secundaria hasta los 175 días lectivos, lo que supone, para colegios e institutos, dos semanas más de curso escolar.

La medida cuenta con un inesperado respaldo político. Establecida en la disposición transitoria cuarta de la LOCE, fue rescatada del destierro legislativo por los nuevos rectores de la educación y mantenida intacta en el anteproyecto de la LOE. Y todo eso sin apelar al diálogo ni alardear de consenso.

Más sorprendente todavía es su falta de motivación. Un aumento tan significativo del número de días de clase, debería basarse en sólidas razones pedagógicas u organizativas. Brillan por su ausencia. En su lugar, la orden gubernativa que impone el nuevo calendario se presenta aureolada de un tufillo de despotismo no precisamente ilustrado, y ha sido recibida en los centros docentes como un rejón de castigo tan injustificado como inmerecido.

¿Será que tenemos que equipararnos con Europa e igualar nuestros horarios escolares con los de los países más adelantados de nuestro entorno? No, por cierto. En estos momentos, la educación secundaria española se encuentra a la cabeza de la Unión en cuanto a número de horas lectivas anuales. Con la próxima ampliación del calendario, nuestros escolares van a tener una dedicación de 1.050 horas lectivas por curso, sensiblemente superior a la de sus colegas de Alemania, Reino Unido, Italia o Francia. Como lo leen.

Acaso nuestros dirigentes, que piensan mucho, han considerado que un aumento importante de las horas de clase puede llevar a mejorar sensiblemente el penoso puesto que el sistema escolar español ocupa en el ránking internacional. Es más que dudoso. Últimamente se ha puesto de moda el modelo educativo finlandés que, según dicen, tiene fascinados a los técnicos y políticos del Departamento de la cuesta de Santo Domingo. Pues bien, en Finlandia la enseñanza secundaria completa un total de 833 horas lectivas anuales, es decir, 217 horas menos, un 21% por debajo de las que aquí se van a exigir a nuestros adolescentes.

Es más. No parece disparatado preguntarse si un excesivo número de días y horas lectivos no repercutirá negativamente en el rendimiento académico de los escolares navarros. Si uno come demasiado, se indigesta. ¿No estarán nuestros estudiantes de Secundaria ahítos de clases y lecciones y faltos de la serenidad y del tiempo necesarios para una correcta asimilación de los contenidos impartidos?

Hay quien, sin embargo, ha recibido con alborozo la buena nueva de la ampliación del curso escolar. Los padres de alumnos están encantados. Los de la escuela privada, los de la concertada, los de la pública, todos han aplaudido con cerrada unanimidad la única reforma educativa que al parecer les interesa de verdad: la que les libera, durante unos cuantos días, de la onerosa carga de los hijos.

Hay que reconocer que las vacaciones escolares constituyen un conflicto doméstico importante para muchas familias, especialmente si el padre y la madre trabajan fuera de casa. Lo que ya no está tan claro, ni mucho menos, es que tenga que ser precisamente la escuela la encargada de resolverlo. Muchos organismos de la Administración, muchas iniciativas privadas y oenegés pueden encontrar en el tiempo libre escolar un campo abierto a su actividad y desarrollo. Aplíquense a ello. A tiempos nuevos, soluciones imaginativas nuevas.

Lo que no resulta de recibo es quitarse de encima un problema, que es de los padres y de la sociedad, por el sencillo y económico procedimiento de echarlo sobre los hombros de la institución escolar. Los centros docentes tienen su misión, bien ardua, por cierto. Tratar de que además resuelvan los conflictos derivados de la nueva situación laboral y familiar que nos ha tocado vivir es una pretensión demagógica e irresponsable, y que producirá a la larga daños irreparables en el conjunto de la educación.

Los está produciendo ya. Y son evidentes, sobre todo, en el profesorado. Los profesores de Secundaria se han visto tan vapuleados en los últimos tiempos que no tienen siquiera fuerzas para protestar contra el evidente atropello que supone para ellos la ampliación injustificada del calendario escolar. Pero el problema radica en que los profesores son el motor de la educación. Y si el motor está recalentado, sobrecargado o sencillamente averiado, ¿quién tirará del carro de la formación de los jóvenes y adolescentes?

Por el bien de la enseñanza, debe revisarse con urgencia la medida que amplía el calendario de Secundaria a 175 días lectivos anuales. Sería triste que acabaran por identificarse calidad y cantidad. Y más triste todavía que llegue a confundirse educación con estabulación.


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