Calendario escolar0

Lectures (637) 07/09/2005, 11:43  |  La-Nueva-España.-Luis-Arias/Asturias

Imagínense ustedes que un extraterrestre hubiese venido a este país hace dos décadas y que, por las razones más insondablemente cósmicas que pudiésemos concebir, volviese en el presente mes por estos parajes. Imagínense ustedes que el mencionado visitante se sintiese sorprendido por el hecho de que ahora los institutos de Secundaria comienzan antes sus clases. Seguro que balbucearía para su magín que los estudiantes de ahora aprenderían más. Y, si su curiosidad fuese más allá, y pulsase la opinión pública, advertiría de que ahora el profesorado se «recicla» en verano. Atrás se quedan aquellos tiempos de unas vacaciones tan largas sin dar ni golpe.

Más clases para los discentes y mayor reciclaje para los docentes. Ergo, el mejor de los mundos posibles en el universo pedagógico. En esa lid iría el mensaje que haría llegar a los seres vivientes de sus lejanos confines. Y, por tanto, las autoridades educativas se sentirían la mar de dichosas.

Puedo asegurarles que es milagroso esto del calendario escolar. Las clases empiezan antes, pero los programas de las materias son cada vez menos ambiciosos. De otra parte, el profesorado cada vez tiene a su alcance un mayor número de cursos para «actualizar» sus conocimientos. Sin embargo, se le invita a que cada vez baje más su listón de exigencia. No sólo hay que evaluar conocimientos al alumnado, sino también otras y muy prodigiosas cuestiones. Pongamos que «sus habilidades». Digamos que «su inteligencia emocional». Y, lo más importante de todo, a ver cómo va esa «educación en valores», auténtico cofre que contiene en todas sus oquedades noñeces por doquier. Sin olvidarnos, de otro lado, que en los llamados «cursos de formación del profesorado» habría que ver quién los imparte, quién los convoca y desde qué rigor científico se conciben, pues -no se lo digan a nadie- están burocráticamente mejor considerados, a la hora de computar horas de formación, que los que convoca e imparte la Universidad.

Pero volvamos a lo nuestro. No sea usted antiguo. El alumnado de Secundaria ya aprenderá Matemáticas, Física, Historia, Lengua, Filosofía, etcétera. De lo que se trata es de facilitarles «los instrumentos» a ello encaminados. Y para eso hace falta disponer de más tiempo. Ergo, el curso debe empezar antes.

Por si esto fuera poco, las autoridades educativas, percibiendo con su desbordante intuición lo que son los clamores de la calle, obligan al profesorado a acortar sus vacaciones. Y tal medida va en contra de una realidad a todas luces «discriminatoria». ¿Por qué vamos a tener las gentes de la tiza más tiempo libre que el resto de las profesiones? De ninguna manera, igualdad de derechos en lo que a vacaciones toca. Al tiempo que -¡oh, paradoja!- los que huyeron de la tiza incurriendo en un sindicalismo más o menos profesionalizado disfrutan cada vez de mayor tiempo libre para poder, así, defender los derechos de sus patrocinados, es decir, de los profesores. Y encima, empeñados en hacernos felices, deciden visitar los centros para vender lotería, dándonos así la posibilidad de que nos hagamos ricos y dichosos. Son ellos los que precisan de tiempo para emplear todos sus afanes y toda su energía en pro de sus compañeros y a favor de la calidad de la enseñanza por la que tanto y tanto se desvelan. ¿No les parece, en verdad, estremecedor?

Añadamos a ello que con la ampliación de los días lectivos las familias no se ven obligadas a afrontar el trastorno que supone tener a las criaturas en casa en unas fechas en las que los progenitores cumplen con sus obligaciones laborales.

Creo que hubo un ministro de la Dictadura que, entre otras lindezas, dijo aquello de «más deporte y menos latín». Pues, en este caso, más habilidades, mayor desarrollo de la inteligencia emocional y menos exigencia de conocimientos y de esfuerzo. He aquí la fórmula mágica para motivar al estudiantado de Secundaria.

Más tiempo en el aula. Así, se amplía la convivencia dentro de la diversidad tan necesaria. Mientras, aquellos que estábamos destinados a impartir conocimientos debemos reconsiderar nuestra tarea. Dinamicemos el aula. Enseñemos el manejo de instrumentos mágicos para la ciencia infusa. Hagamos nuestro apostolado en pro de lo políticamente correcto. Ampliemos nuestro calendario laboral, al tiempo que debemos acudir a las aulas más ligeros de equipaje en lo que a contenidos se refiere.

Más tiempo de clase y menor conocimiento impartido. No me negarán que ello es con asombrosa exactitud el mejor ejemplo posible de algo que podría ser definido como la cuadratura del círculo en estado puro.


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