La escuela como parking0

Lectures (465) 15/03/2006, 09:29  |  La-Vanguardia.-XAVIER-ANTICH-

No es que tenga vocación de aguafiestas, pero hay días para sentirse como un marciano. Sobre todo, cuando uno no acaba de entender los arrebatos ajenos y, poco a poco, se siente como que sobra. Basta con que, de repente, todo el mundo se ponga a celebrar algo, con repique de campanas, sin que uno consiga adivinar ni entender qué es exactamente lo que se celebra. Lo que llevamos de semana es, al menos para mí, una de estas extrañas ocasiones.

Después de un año y medio de negociaciones, se acaba de anunciar la firma del llamado Pacte Nacional per l´Educació. Sin entrar por ahora en más consideraciones, convendrán en que la pompa de la denominación parece anunciar algo grande, ambicioso, casi colosal. Quizás por eso el Pacte ha sido saludado con tanto entusiasmo, más por extraños que por propios, aunque, a lo peor, es que la educación de este país está tan catastróficamente mal que cualquier mención de la bicha provoca, sin demasiado esfuerzo, el espejismo del náufrago. Además, la consellera Marta Cid, impulsora del acuerdo (que cuenta con la oposición, nada desdeñable, del sindicato mayoritario entre los docentes de la enseñanza pública), ha afirmado que "es un día histórico para la educación de nuestro país". Yla medida ha merecido gran atención y no pocos elogios, unánimemente, por parte de editoriales y comentaristas. Bastaba, ayer, con leer la prensa y oír la radio o la televisión: parecía que iba a empezar a llover vino. Incluso un analista tan ecuánime como Albert Sáez dijo que es "uno de los acuerdos que puede llegar a ser una de las realizaciones más emblemáticas del actual Govern". ¡Pues vaya!

Sin embargo, parece que la gran apuesta de este Pacte, la joya de la corona, es la llamada "sexta hora": una hora de más en la educación primaria pública y, con el tiempo, su gratuidad en la escuela privada concertada. Una hora más de clases. Bueno, de clases, no: de permanencia. Porque, de hecho, a qué deberá dedicarse esa sexta hora no parece ser, para los firmantes del Pacte, cuestión demasiado relevante, puesto que ya se verá, y ya verá cada centro qué es lo que hace con esa hora de más que a uno se le antoja algo milagrera, puesto que pondrá fin, por lo que parece, a todos los males. Lo curioso es que el informe de los expertos, encargado por la propia conselleria, entregado al Govern y colgado en la página web del departament, no decía nada de ella. Curioso, ¿no? O los expertos no eran tales, cosa que dudo, o aquí hay gato por liebre.

A riesgo de pasar por aguafiestas, debe decirse que cualquiera que tenga algo que ver de verdad con el mundo educativo sabe que eso de la sexta hora es, en términos pedagógicos, algo totalmente irrelevante. Hay que decirlo muy clarito, y repetirlo además muy a menudo. La calidad educativa y el éxito escolar, dos cosas de las que aquí estamos muy pero que muy lejos, no tienen nada, absolutamente nada que ver, con las horas de permanencia de los estudiantes en los centros. Y sí tienen que ver, por el contrario, con el gasto público invertido en educación (estamos en la cola de la UE), con las horas de formación pedagógica del profesorado (seguimos en la cola) y con la participación de la familia en los procesos educativos (adivinen ustedes dónde estamos). ¡Qué lejos queda Finlandia! Siempre tendremos el consuelo, eso sí, de la gran aportación local, avalada desde hace años por todos los partidos parlamentarios: la escuela como parking. Que ustedes la disfruten.


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