Fracaso escolar0

Lectures (607) 04/06/2006, 20:20  |  Europa-Sur.-Juan-José-González-

Que el actual sistema educativo hace aguas por todos lados es algo que, creo, no ponen ya en duda ni en el mismísimo Ministerio. No hay sector implicado en la enseñanza -alumnos, padres y profesores- satisfecho, y si no que pregunten a la mayoría de ellos.

Por eso, no me han sorprendido en absoluto los datos desvelados ayer por este periódico sobre las calificaciones obtenidas por los estudiantes algecireños que deben pasar a la Selectividad y que cursan estudios en los institutos públicos de la ciudad. Tan sólo uno de cada tres –el 35 por ciento para ser exactos– ha logrado aprobar y acceder a dicha prueba preuniversitaria en junio. Todo un síntoma de fracaso escolar que se agrava aún más si se analiza que únicamente uno de estos centros, concretamente el Getares, ha conseguiso alcanzar el porcentaje del 50 por ciento.

Pero no nos engañemos. Las preocupantes cifras registradas en Algeciras sirven también para cualquier otra población del entorno y de toda la geografía nacional, porque son fiel reflejo de lo que está sucediendo día a día en las aulas.

Por supuesto que muchos alumnos de Bachillerato tienen una pésima formación. Ése es un mal que los estudiantes vienen arrastrando de atrás, de la misma Primaria diría yo, cuando una mal llamada reforma prohíbe que puedan, aunque su nivel académico resulte insuficiente, repetir curso a no ser que acaben ciclo o cuando se cambian los métodos de estudios de tal forma que la adquisición de conocimientos teóricos parece como si ya no fuese lo más importante. Entonces falla la base, y eso es precisamente lo que está ocurriendo en nuestro sistema de enseñanza.

Por eso mismo nadie puede llevarse ahora las manos a la cabeza porque muchos alumnos no conozcan en la ESO cuantas comunidades autónomas o provincias tiene España o porque carezcan de nivel suficiente de base en matemáticas para continuar asumiendo operaciones más complicadas, conocimientos que los estudiantes de hace veinte o treinta años asumían a más temprana edad. No dudo que ahora se proyecten otros valores en las aulas, pero desde luego el de la instrucción no como se hacía antes.

Y conste que no entro a valorar el aspecto de convivencia escolar. Para qué. Los medios de comunicación están repletos de incidencias negativas. El otro día un docente me decía, con razón, que al margen de todo lo que ha cambiado la vida, de la violencia que destila la actual sociedad y de otras situaciones, el propio sistema y algunos enseñantes son responsables directos, y es que hay quien se cree más progre por permitir que le tuteen o por ponerse a la altura del alumno. Y ése es un grave error: el estudiante no puede ser nunca el coleguita del profesor ni su compañero de copas.

A fin de cuentas, los jóvenes se instruyen para el futuro, y la vida luego no es así. Es mucho más seria y complicada.


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