Docentes golpe a golpe0

Lectures (933) 06/11/2006, 08:45  |  La-Nueva-España.-LUIS-ARIAS-ARGÜELLES-MERES/Asturias  |  Etiquetes: #Salut laboral,

Por absurdo que parezca, habrá que plantearse si en verdad la misión del profesorado consiste en impartir clase. Trasladen, si les parece, la pregunta al profesor del Instituto de Enseñanza Secundaria de la localidad alicantina de San Vicente Raspeig que acaba de sufrir las agresiones de un ex alumno al que el docente de guardia pretendía conducir al despacho del director del centro. Este enseñante hacía las funciones de un guardia de seguridad cuando se tropezó con una alumna del instituto y su acompañante en un aula vacía.

Es desolador ver la escaramuza grabada en un móvil por parte de la artista adolescente que vivió su estreno como directora cinematográfica filmando escenas que están dando la vuelta al país. Si estoy bien informado, la mamá de la dulce criatura considera excesivo que el centro la haya expulsado temporalmente. ¡Qué severidad, oiga! Tras ello, hay quien declara, con asombro, que, en efecto, el profesorado ha perdido autoridad en las aulas. ¡Se necesita estómago y cinismo para caer ahora en la cuenta de tal cosa! En todo caso, creo que la pregunta básica que hay que hacerse es acerca de la verdadera función que corresponde a la docencia en los tiempos que corren. Además de impartir clase, hay que hacer guardias de aula, de pasillo y de patio. Además de impartir clase, hay que desarrollar tareas burocráticas. Ni lo primero ni lo segundo guardan relación con lo que se entiende por transmitir conocimientos. ¿Por qué hemos ido aceptando la asunción de tareas que no nos corresponden? ¿Por qué nuestros representantes sindicales se ocupan casi en exclusiva de vender lotería por los centros y de reivindicar subidas salariales, al tiempo que se desentienden de las condiciones en que se desarrolla nuestro trabajo? Representantes sindicales huidos de la tiza que, en muchos casos, hacen cuanto está en su mano para no volver a poner sus delicados pies sobre un aula.

¿Y qué se hizo de antiguos privilegios, por ejemplo de la matrícula gratuita para un sector que está más obligado que ningún otro a un aprendizaje permanente? ¿Acaso han perdido sus privilegios otros sectores laborales? ¡Ay! Y no me hablen, por favor, de muchos de esos cursillos que se nos «ofertan» gratuitamente. Espero que la desfachatez no llegue a tanto.

El docente agredido que accedió a esta profesión para impartir clase estaba haciendo de guardián cuando recibió una paliza de un angelito no escolarizado. Fíjense ustedes. Con ser de una extrema gravedad lo sucedido, lo más inquietante de todo consiste, a mi juicio, en la adulteración que sufre el oficio de enseñar.

¿Se hace una carrera y se aprueba una oposición para ejercer de cancerbero (etimológica, que no futbolísticamente) en la puerta de un centro docente? ¿Se hace una carrera y se aprueba una oposición para deambular por el centro ejerciendo de agente de seguridad, pública o privada? ¿Se imaginan a un médico, profesión, por cierto, casi tan vapuleada como la nuestra, a la puerta de un hospital velando por la seguridad del edificio? ¿Se imaginan al responsable de un proyecto cumplimentando formularios burocráticos ajenos a su tarea? Bien mirado, ¿a qué extrañarnos de haber perdido la autoridad en el aula si se da el caso de que no es ya el escenario principal de nuestro trabajo?

Una profesión golpe a golpe. La Administración no tiene a bien contratar personal suficiente para llevar a cabo las tareas no docentes que deben llevarse a cabo en un centro de enseñanza. Para eso estamos nosotros, que achantamos con todo lo que se nos eche, como bestias de carga, lo cual no siempre es una metáfora.

Lo he escrito más veces. Y no me canso de repetirlo. Que no nos vengan con la monserga de lo compleja que resulta la sociedad actual. Porque ese mismo argumento podría ser aplicado a todas las profesiones. Y nadie está dispuesto a ser maltratado en su trabajo, por lo que los profesionales de la tiza podemos y debemos esbozar idéntico discurso. Luego está la vocación, que en boca de muchas personas resulta vomitivo a más no poder. Bien, quien decide dedicarse a la enseñanza es consciente de que sus ingresos nunca serán vertiginosos. ¿Pero cómo se puede hablar de una profesión vocacional cuando cada vez son más las tareas encomendadas que resultan ajenas a lo que es la función docente propiamente dicha? ¿Pero cómo se puede esgrimir la vocación a unos profesionales que son conscientes del enorme desprestigio que va a más de su trabajo? Señores, tal como están las cosas, cuanto más arraigada se sienta la vocación, más deprimente resulta dedicarse a la enseñanza.

Cuando nuestros representantes sindicales se acerquen a los centros a vender lotería, sugiero que les demandemos que negocien con la Administración esto que sigue:

  • Uniformes de guardias de seguridad.
  • Dependencias en los centros de centralitas telefónicas para llamar a quien proceda.
  • Grandes mesas para el desarrollo de las tareas de lo que antes se llamaba trabajos manuales. Sobre ellas, las tijeras, las cartulinas, el pegamento, etcétera.
  • Sala habilitada para primeros auxilios.
  • Uniformes de bomberos.

Vale.


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