El profesor dormilón0

Lectures (1232) 17/06/2007, 21:13  |  Juan Pedro Rodríguez

El profesor acaba de despertar (¡gracias, despertador!). Ha dormido de un tirón, aquí, en el pueblo, a donde se dirigió ayer a las siete y media de la tarde para terminar el riego por goteo de su huerto y para echar un vistazo a sus dos perros de caza y a sus diez perdices, tres de ellas con apenas una semana fuera del cascarón. Y le dio tiempo de hacerlo todo antes de que le llegara la noche y, con ella, se vistiera camisa limpia, se tomara una caña en la taberna de al lado y se dispusiera, cansado, a dormir.

¡Quién iba a decir, al verlo ayer al atardecer en sus faenas, que venía de asistir a un claustro en el IES donde trabaja! ¡Quién iba a decir que, en las casi tres horas que duró la reunión, en vez de aspectos educativos, hubo de ver a tres compañeras salirse gritando y llorando de la sala de profesores o a un compañero ser sujetado por intentar abalanzarse contra él! ¡Quién iba a decir que hubo de meterse dentro del cuerpo unos setenta insultos mal contados salidos de la boca de la directora, del jefe de Estudios y de los representantes del profesorado en el Consejo Escolar! ¡Quién iba a decir que la puerta de salida de la sala quedó taponada luego por una directora colocada estratégicamente con un manifiesto en el que se podían añadir firmas a las ya estampadas por la directiva! ¡Quién iba a decir que el blanco de esas iras era precisamente ese rebelde profesor que, tras dar por finalizada su jornada laboral a las siete y media de la tarde, se dirigió al pueblo a poner unas gomas en el huerto y a renovar el pienso de sus tres gumersinditos!

Al verlo ahora, recién levantado y preparando su maletín, ¡quién diría que cuando entre esta misma mañana en el recreo en la sala de profesores se va a topar con otra segunda encerrona en menos de 19 horas! ¡Quién diría que va a contestar a las preguntas y acusaciones del inspector con entereza, dignidad y hasta osadía! ¡Quién diría que va a tener que sumar en su contra otros diez insultos más a los recibidos ayer! ¡Y quién diría que va a tener que enjuagar tras el recreo los lloros de algunos compañeros que le piden perdón por haberse visto obligados a firmar el manifiesto de ayer!

¿Quién diría tales cosas en los tiempos en que estamos y en un centro público dedicado a la enseñanza?

Pues lo dice el mismo profesor dormilón que ha tomado tranquilamente ambas encerronas como otra más, y sólo como otra más –pero mucho mejor llevadas cada vez-, de las muchas que lleva ya sufridas en ese IES. Lo dice el mismo profesor dormilón que, pese a haberlo denunciado ya todo, no ha encontrado todavía el juez que se atreva a juzgarlo. Es el mismo profesor dormilón que, harto ya de silencios administrativos, ha optado por publicar por entregas, gratis y en internet, su acoso novelado en El paripé o los desertor@s de la tiza. Ese es el mismo profesor dormilón que colocará mañana en la sala de profesores (aunque se la rajen antes del próximo recreíto) su respuesta a tanto insulto en forma de una décima:

Por si alguien no barrunta
el porqué de mi entereza
puede tener la certeza
de que toda ella apunta
a una única pregunta:
¿he mentido alguna vez?
y ni siquiera un “talvez”
distrae mi eterna calma;
y, así, se queda mi alma
en completa placidez.

Atte.

Jaén, 12 de Junio de 2007

Juan Pedro Rodríguez www.juampedrino.com


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