Cuatro suspensos0

Lectures (302) 11/10/2007, 08:58  |  El Mundo. CARLOS MARZAL

La noticia educacional -pero no educativa- del verano ha sido la novedad de que los alumnos de Primero de Bachillerato podrán pasar de curso con un máximo de cuatro asignaturas suspendidas, y elaborar ellos mismos un plan para el siguiente año con las materias pendientes, más otras de Segundo.

Se pretende con ello, según la ministra responsable, hacer más atractiva esta etapa voluntaria de la enseñanza y paliar el fracaso escolar, mediante lo que se cree un método de estudio más flexible.

Se argumenta que resulta injusto el hecho de que un alumno vuelva a repetir el curso completo, si existe ya un número de asignaturas aprobadas. (Aunque no se nos indica por qué resulta injusto hasta con cuatro suspensos, y no con cinco, o con seis, porque, puestos a elucubrar, supongo que las asignaturas aprobadas lo estarán igual sea cual sea el número de suspensos obtenidos.

De la misma forma que no se nos aclara por qué ese sistema resulta equitativo en el último ciclo de la enseñanza, pero no en los anteriores).

En mi opinión, la medida instituye y convierte en oficial en el Bachillerato un inapropiado comportamiento universitario (y que no por frecuente se convierte recomendable): dejarse asignaturas para el futuro, no aprobar los cursos completos en el año que corresponde.

Digo que lo convierte en oficial, porque de hecho ese aplazamiento de las obligaciones ya existe entre los alumnos más indolentes, y no sólo en el Bachillerato, sino en los cursos de la Secundaria Obligatoria. Aunque algunos no lo crean, no resulta insólito el hecho de que niños de 11 ó 12 años, decidan, al poco de comenzar el curso, dejarse algunas asignaturas; es decir, no estudiarlas sin más.

En este caso, la ocurrencia corresponde al gobierno socialista, pero ocurrencias similares, que han ido poco a poco empeorando nuestra enseñanza, han tenido todos los anteriores gobiernos, sea cual sea el signo de su ideología. En lugar de instaurar medidas de exigencia objetiva -uno de los pocos criterios que sirve en la educación-, se ha ido ablandando, y reblandeciendo, todo el sistema de enseñanza, en nombre de un paternalismo que luego no van a tener nuestros jóvenes en el mundo real.

Creo que esta supuesta apetencia de flexibilidad va a resquebrajar aún más el ya de por sí resquebrajado clima de exigencia dentro de las aulas. Tengo la impresión de que buena parte de los jóvenes vive afincada en el puro presente, sin capacidad para vislumbrar el futuro, fiados en una suerte de providencia inconcreta a la cual encomiendan sus obligaciones. De ahí que me parezca muy peligroso el acto de dejar en sus manos, como de hecho se va a dejar, la planificación de su bachillerato.

Las facilidades mal entendidas consiguen el desprestigio de lo que se lleva a cabo. Dicho de otro modo: lo que poco cuesta, poco vale, porque poco se valora.

A veces lo progresista es volver la vista atrás, con el fin de dar un paso adelante: fijarse en antiguos planes de educación, basados en el esfuerzo y la excelencia.


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