Asesores riopedrianos0

Lectures (116) 24/10/2007, 11:53  |  La Nueva España. LUIS ARIAS ARGÜELLES-MERES/Asturias

Tercer mandato educativo, don José Luis. Se diría en principio que su experiencia tendría que ponerse de relieve con hechos. Y, por lo que se ve, no hay nada de eso. Usted cada vez necesita mayores asesoramientos. Eso es lo importante, oiga.

Si hay centros con carencias del tipo que sea, si se regatean dineros para necesidades concretas, si hay que economizar en todo lo que se pueda, que no falten dineros para asesores, cuyas tareas son de suma trascendencia.

Son más de 60, creo. ¿Dónde están durante su jornada laboral? ¿Qué hacen en todo ese tiempo? ¿Acaso elaborar informes sin cesar? ¿Por ventura, reuniones interminables? ¿De qué tipo de sinergia estamos hablando? Imagine el lector por un momento que su «pensamiento» es diverso. ¿Qué haría en ese caso el señor Riopedre? ¿Ponerlos de acuerdo? ¿Una asamblea que arrojase luz? ¿Cuándo se reúnen con su responsable y jefe máximo? ¿Dónde tienen lugar esos encuentros?

Asesores riopedrianos. Por ejemplo, don José Manuel Cuervo, que, tras muchos años al frente de la Alcaldía de Cangas del Narcea, recupera ahora el tiempo perdido no sólo poniéndose al día en lo que concierne a la realidad docente astur, sino además dando sabios consejos para que la enseñanza sea mejor y más profunda. ¡Ay!

Por otra parte, dígame, don José Luis, ¿hay acaso varios compartimientos en esto de los asesores? ¿O todos aconsejan sobre lo mismo?

¿Cómo no va a ir de viento en popa la enseñanza en Asturias estando usted tan bien asesorado? De todos modos, don José Luis, déjeme que le diga algo. ¿Cómo es que a nosotros nadie nos asesora? ¿Cómo es que a nosotros nada nos llega de tanta sapiencia trascendiendo? ¿Pudiera ser que usted se está empapando de cuantas aportaciones recibe y no dará cuenta de ellas hasta que tenga un resultado final espectacular en el que se encenderán todas las luces de la inteligencia?

¡Y qué abnegados son sus asesores, señor Riopedre! ¡Renuncian a su vocación docente por amor a la profesión! Quiero creer, don José Luis, que un sacrificio tal acarreará algunas compensaciones, económicas, por ejemplo. ¡Cuánto les tiene que doler no estar en las aulas impartiendo clase! ¡Cuánto sufrimiento en pro del bien común! Tranquilíceme, señor Iglesias Riopedre, garantizándome que reciben unos emolumentos superiores a los que les correspondería si estuvieran en los centros haciendo guardias, tutorías y dando clase. Le ruego que me lo confirme, porque, de no ser así, no podré dormir tranquilo.

Asesores riopedrianos de un lado, liberados sindicales del otro. Los unos, dándolo todo por lo que venimos diciendo. Los otros, por representarnos como es menester, por defendernos, por animarnos con sus visitas a los centros cuando venden lotería, por su discreción tan grande que no nos consultan nada a la hora de negociar. Para eso están, para pensar por nosotros. Me pregunto si sus asesores piensan por usted, le liberan de tantas inquietudes. Y me pregunto también si habrá vasos comunicantes entre los unos y los otros. Todo es posible, creo.

De todos modos, para mayor tranquilidad, quisiéramos saber acerca de estos servidores públicos esto que sigue.

1) ¿Qué horario tienen?

2) ¿En qué dependencias desarrollan su dura tarea?

3) ¿Qué informes elaboran a lo largo del mes?

4) ¿Cuándo se reúnen con usted y con qué orden del día?

5) ¿Sus honorarios están por encima de los que recibirían en sus tareas docentes?

6) ¿Qué criterios ha seguido usted para nombrarlos?

¡Que Spinoza nos sea propicio, señor Riopedre!


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