El problema está en la ESO0

Lectures (426) 04/11/2007, 13:22  |  La Vanguardia. MERCÈ BELTRAN

Una de las principales novedades que incluye la reforma del Bachillerato, aprobada por el Consejo de Ministros, es que los alumnos de primero que hayan suspendido hasta cuatro asignaturas no tendrán por qué repetir el curso completo: podrán repetir sólo las materias que no hayan superado en primero y cursar, a la vez, un máximo de tres de segundo.

El objetivo de este cambio - hasta ahora si suspendían más de dos se debía repetir todo el curso- es flexibilizar el bachillerato, motivar al alumnado a seguir estudiando al no obligarles a repetir aquello que ya habían aprobado, e impedir que los repetidores se conviertan en una rémora. Con todo ello el Ministerio de Educación y Ciencia (MEC) persigue rebajar el porcentaje de alumnos que abandonan los estudios tras la secundaria obligatoria, un 29,9% (casi el doble de la media de la UE).

Un sector importante de la comunidad educativa no está en absoluto convencida de que esta sea una buena solución, más bien al contrario. Directores, profesores y alumnos de secundaria consultados por La Vanguardia consideran que el problema está en la ESO. Argumentan que el cambio de secundaria obligatoria, mucho más laxo que el ciclo siguiente, provoca que en primero de bachillerato se den un buen número de repeticiones y muchas deserciones.

La posibilidad de dejar que los alumnos de primero puedan avanzar arrastrando hasta cuatro asignaturas suspendidas y alternarlas con otras de segundo es, a juicio de los docentes, "prácticamente inviable". Entre los argumentos que se esgrimen están las dificultades de organización que ello comportará para los centros. "Será muy difícil casar horarios", señalan directores de distintos institutos. Además, califican de "disparate" pensar que los alumnos se van a motivar por pasar con cuatro asignaturas.

Al margen de los problemas de organización horaria y de espacios, que no son baladíes, los docentes coinciden con los alumnos en que lo que realmente necesita una reforma es la ESO o, como mínimo, el último curso (4 º ) . Al respecto, señalan que lo lógico sería que el último curso de secundaria se convirtiera en un curso puente al bachillerato o en una especie de primero de bachillerato, tanto en el sistema de materias como de exigencia, porque así se prepararía a los alumnos para lo que se van a encontrar después o, según los casos, se les encaminaría con una buena base hacia la Formación Profesional.

A estas reticencias se suman las de algunos sindicatos - como Anpe, Aspepc o Associació de Catedràtics-, y asociaciones de padres, como la Confederación Nacional Católica de Padres de Alumnos (Concapa), que aseguran que la reforma significará una rebaja del nivel de exigencia. Este argumento no lo comparte la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa), que apoya el nuevo bachillerato por su flexibilidad.


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