Nada más importante0

Lectures (292) 27/11/2007, 08:27  |  La Vanguardia. Miquel Roca Junyent

El 20 de febrero del 2007 -¡hace diez meses!- el articulista llamaba la atención sobre el hecho de que España figurase en la cola de la clasificación de los países europeos por la baja calidad de su sistema educativo. Ahora, nos corresponde destacar que, además, Catalunya ocupa esta posición dentro del propio conjunto español. Ni antes ni ahora, la noticia no era ni es una sorpresa. Se sabía, se denunciaba, pero como si nada. En estos más de diez meses no se ha hecho nada para mejorar la situación.

Discutimos sobre nuestro futuro; teorizamos sobre cómo queremos vivirlo y abrimos agrios debates sobre la calidad de nuestras infraestructuras. Sencillamente, irrelevante si no introducimos en nuestra sociedad una educación de calidad. Si nuestros jóvenes no están bien formados, no hay futuro. Podrán decidir, pero no sabrán sobre qué ni por qué. Les abriremos el mundo para un viaje hacia el fracaso.

Si las infraestructuras se retrasan y su ejecución está llena de incidentes y accidentes que justifican las más exigentes responsabilidades, no parece coherente que no se exija igual celo a aquellos que tienen la responsabilidad de un sistema educativo que fracasa. Los costes de esta situación son mucho más importantes que los que se derivan de nuestro déficit en infraestructuras. Son más caros, duran más y son más difíciles de reparar.

Ante una crisis de dimensiones incalculables, no se levantan ni voces de alarma ni gritos de protesta. A lo sumo, anuncio de reformas legislativas para no se sabe cuándo, como tampoco se sabe en qué medida serán adecuadas o suficientes para resolver la situación actual. El fracaso del sistema requiere de soluciones drásticas, urgentes y prioritarias. Si se puede hacer un plan nacional de vivienda, ¿acaso no podrá hacerse un plan nacional de educación?

Nuestra juventud es la que, en la UE, más cocaína y cannabis consume. Fracaso escolar y droga, ¡vaya combinación! Y no es de recibo decir que esto es alarmismo ni exageración; esta es la realidad más cruda. La alarma la causa la indiferencia ante el problema, o minimizar sus consecuencias. Esto no es progreso, es retroceso. Los progresistas no pueden estar callados ante una regresión que afecta al futuro de nuestros jóvenes y del país en su conjunto.

No hay nada más importante. Absolutamente nada.


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