Pero... ¿qué se dirá en la novela “El paripé” como para que un juez la censure?0

Lectures (1161) 21/12/2007, 11:39  |  Juan Pedro Rodríguez

Sr. Presidente de SPS:

Permítame que utilice este medio para comunicarme con los asociados de SPS que están interviniendo en su web respecto a mi novela, en los que noto un evidente desconcierto que, personalmente, no creo que deba dejar pasar, máxime cuando la censura que han impuesto a la novela impide actualmente acercarse a ella para aclararse en este asunto, que es, puedo asegurárselo yo también, de una índole indudablemente “desconcertante”.

Comenzaré indicándoles que sé a ciencia cierta –con las salvedades que todo lo humano tiene- quién fui, quién soy y quién seré en este asunto, por desconcertantes que sean la frase y su contenido y por muy difícil que sea la probabilidad de que exista otro profesor en toda España que haya vivido, viva o haya de vivir lo que a mí me ha tocado en mi puesto como trabajador de la enseñanza y acabe comprendiendo mi caso al mil por mil. Yo “fui” un acosado en mi IES por la directiva y camarilla (que incluye Consejo Escolar, AMPA e Inspección), estuve al borde de la baja (un año de comisión de servicios la suplió pero no curó) y fui de nuevo echado a unos perros a los que calibré durante todo un curso la longitud de su cadena y a los que denuncié a la Delegación por dos veces y a la que aguanté dos eternos silencios administrativos. En resumen: cuatro años en que “fui” la oveja negra entre lobos (cursos 02-06). Puestos a ver, nada de particular, porque lo que yo “fui” lo han sido, y en peores circunstancias tal vez, esos miles de compañeros míos que o bien deambulan por los pasillos de los IES atiborrados de pastillas, o bien no son capaces de abrir la boca en un claustro o de traspasar otro umbral que no sea el de la consulta médica mensual, o bien no son capaces ya ni de respirar el aire que nos mantiene vivos.

La novela El paripé o los desertor@s de la tiza me convirtió en la persona y profesor que “soy”: con ella vertí en saco literario mi caso con las evidentes precauciones legales y decorosas que canta mi pájaro de perdiz en la misma portada de la novela: “Todos los nombres de los personajes de esta novela son falsos, excepto el del animal. Por contra, los hechos, en su práctica totalidad, son ciertos, incluso los del animal”. Una novela, en definitiva, que yo nunca he confundido con mis denuncias del 21 de Febrero de 2007 y de 29 de Septiembre de 2006, aunque las tres vengan a denunciar lo mismo. Que en la novela no se injuria a nadie lo prueban, primero, el hecho de que el 25 de junio de 2007 se archivó por un juez la primera denuncia por injurias que ha recibido la novela y, segundo, el hecho, todavía más determinante, de que se trata de una novela, ¡de una novela, repito!, y en ella tienen que tener cabida multitud de “hechos” y “detalles” fabulados que den consistencia argumentativa a un tocho de 650 páginas y que la conviertan en algo “legible”. ¡Y eso quiere decir, hablando en plata, que si yo, como autor, asigno a un personaje la posesión de un cortijo dentro de un coto de caza, ello no implica que me llegue un aludido sin cortijo y le tenga yo que comprar uno! Es, por tanto, la “índole” de las personas que se den por aludidas lo que determinará ante un juez si ahí hay delito mío contra ellas o mera rabieta: porque da la casualidad de que si al mismo juez se le vuelve a insistir nuevamente con el invento de que el autor de la novela hace signos de cortar el cuello a algún directivo cuando se cruzan “a solas”, por ejemplo, mal juez sería ese juez si no tomara cartas en el asunto contra el autor... ¡y contra su novela! ¡Y si esos directivos han sido, además, escuchados en sus quejas administrativas por quienes son nuestros comunes superiores (esos que de mí se han reído con dos silencios administrativos) es también evidente que también tenían que tomar cartas en el asunto y abrir expediente y suspender provisionalmente de funciones a quien es capaz de denunciar en una novela tanta impunidad y a quien es capaz, por ejemplo, de plantarse ante una Delegada de Educación y un claustro entero y negarse a cumplir “ciegamente” el horario ilegal con que se han vengado este curso! ¡Pero que conste también a sus asociados un pequeño detalle: que yo también tengo ya mi juez particular, ese que aceptó diligencias preliminares al contencioso y me remitió los 10 documentos que le pedí en septiembre y que la Delegación y el IES han tenido que entregar hace apenas un mes, tras dos requerimientos, para mi consulta (y asombro posterior)! ¡Y la denuncia por lo Penal la he presentado esta misma mañana! ¡Y no acabará Enero sin que este caso de acoso laboral haya sido denunciado al Juzgado de lo Social! En resumen: la justicia es, en efecto, trabajosilla, pero puedo decir hoy 21 de Diciembre de 2007 que, tras 34 meses justos (desde el 21 de Febrero de 2005 exactamente), por fin, habemus iudicem.

Pero, si tengo bien claro quién “he sido” hasta hoy mismo, aún más claro todavía tengo quién “seré” y quién “no seré”: sí seré el que se siente en el banquillo con su dignidad intacta y defienda mansa y plácidamente que yo no he querido injuriar nunca a nadie dentro de una novela (como tampoco he hecho nunca fuera de ella) sino romper un segundo silencio administrativo que ya clamaba al cielo ante un caso tan flagrante de acoso laboral minuciosamente denunciado por dos veces a la Administración; sí seré el que pague íntegramente mi pena, si me equivoqué y se me condena, pues nunca esconderé la mano que tiró esta piedra; sí seré el que, después de la batalla, pida daños y perjuicios también para esa pequeña parte de compañeros míos que han mirado por la oveja negra cada vez que el lobo salía de cacería; sí seré ese que volveré a mi trabajo y lo reiniciaré protestando por el horario si es que todavía me mantienen el mismo ilegal que me asignaron este curso; y sí seré, en fin, quien seguirá luchando los 12 años que me quedan hasta la jubilación con la ilusión de que en mi centro de trabajo pueda ver de nuevo el día en que vuelva a consultar mi reloj sólo para entrar y salir en punto de mis clases y vuelva a llegar al descanso de la noche con la ilusión de volver a trabajar al día siguiente. Y no seré, evidentemente, lo que nunca “he sido”: un desertor de la tiza.

Atte.

Jaén, 21 de Diciembre de 2007

Juan Pedro Rodríguez www.juampedrino.com


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