Descomposición nocturna0

Lectures (709) 04/05/2008, 13:52  |  La Vanguardia. Imma Monsó  |  Etiquetes: #Mobilitzacions,

Ninguna de las reformas educativas de los últimos decenios ha tenido como objetivo mejorar el amor al conocimiento ni la calidad de su transmisión. Lo único que han pretendido es acrecentar la mercantilización del saber. Hace ya tiempo que se viene desmantelando la enseñanza pública en este país (y en los vecinos). Pero cuando quien participa de este proceso es un gobierno de izquierdas, la gravedad de la afrenta es mucho mayor.

El más reciente peldaño en este descenso hacia la descomposición neoliberal de la enseñanza pública es la "supresión súbita" del bachillerato nocturno, lo que en la práctica significa dejar sin la posibilidad de estudios presenciales a las clases más desfavorecidas. De lo que supone esa decisión ya se ha hablado mucho estos días: reducción de plantillas (docentes y no docentes), incumplimiento de contrato por parte del departamento hacia los alumnos que habían programado su bachillerato en varios años, etcétera. Pero lo peor es el agravio que esto supone para la clase obrera.

Conozco el bachillerato nocturno, yo misma di clases en él durante años. Los alumnos son personas que por una u otra razón se quedaron en su momento descolgados del sistema educativo. A veces, por falta de madurez para estudiar en su momento. Otras, por razones socio-económicas: aunque a las clases dirigentes alejadas de los suburbios les parezca que eso sólo pasa en las películas de Santiago Segura o de Almodóvar, todavía hay muchas personas que no pueden completar el bachillerato porque la familia les necesita en el puesto del mercado o al cuidado de un enfermo de la familia. O bien que necesitan trabajar porque nadie puede mantenerlos. A todos ellos, la posibilidad de retomar los estudios unos años más tarde les proporcionó oportunidades laborales que jamás habrían tenido. He visto también a una minoría hacer carreras brillantísimas tras el bachillerato nocturno, pese al mal pronóstico que habían presentado a los 14 años. Y he visto a algunos (y eso es, quizá, lo mejor) convertirse en personas capaces de digerir la cultura que habían descubierto a través de sus profesores para tener una vida más digna, más libre y más auténtica. ¿Un gobierno de izquierdas puede ser insensible a esto, aduciendo criterios de rentabilidad?

Que el absentismo sea elevado en estos estudios es sólo un pretexto absurdo para aplicar criterios de rentabilidad: un alumno que educar no puede ser tratado como una carretera que asfaltar. Y aunque así fuera, no hay más que ver cuántas carreteras están asfaltadas pese a que por ellas no pasan más de dos coches al día. Pero hay más: aun dejando de lado que se pudiera haber considerado la continuidad de algunos bachilleratos nocturnos poco frecuentados, lo más grave es que el departamento no tenga la consideración de respetar las formas: no se puede llamar a los institutos un viernes, justo antes del fin de semana, para comunicar la orden de no aceptar matrícula para el curso próximo, decisión que involucra el futuro de profesores, alumnos e incluso conserjes. Esto sólo puede ser improvisación precipitada o premeditación y alevosía. A lo primero, el departamento nos tiene más que acostumbrados. A lo segundo, también: no importa quien estuviera en el poder, las grandes decisiones se han tomado casi siempre por sorpresa. Recuerdo que cuando la última huelga, se acusó a los profesores de hacer una "huelga preventiva". ¡Menuda idiotez! De hecho, si seguimos así, tal vez habría que plantearse hacer una huelga preventiva al mes. Porque "profesor prevenido vale por dos" cuando ha de tratar con un patrono que no le muestra el debido respeto.


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