IES 'O.K. CORRAL': el modelo AXIA0

Lectures (1087) 17/11/2009, 08:55  |  J. M. Seytre. Afiliat

Más sueldo, más poder y ninguna hora lectiva para los directores. Eso es lo que reclama Axia, esa organización de profesores directivos surgida al amparo de los abrevaderos que el poder habilita para los que funcionan a su dictado, en el congreso recientemente celebrado por todo lo alto. Y lo más sorprendente: el Conseller Maragall aplaude y afirma que esto les hará más «profesionales». La verdad es que uno ya no sabe si está rodeado de retrasados mentales o de sinvergüenzas aspirantes a Millet. Con respecto a lo segundo, ya dijo el poeta que hoy el vicio es lo que se envidia más. Algo sabría.

rnHay también otra duda trascendental que le asalta a uno ante semejante desfachatez: si nos consideran tontos del culo o si nos están tomando el pelo, que no es exactamente lo mismo. Cuando los profesores hicieron huelgas en defensa de la enseñanza pública, sin la menor alusión a horarios laborales o retribuciones salariales –por cierto ¿alguien se imagina a los obreros de la Nissan haciendo huelga por que consideren que la chapa de los vehículos que fabrican no es de suficiente calidad?- la reacción de “tete” Maragall y sus sicofantes mediáticos fue que se trataba de radicales que no eran “vocacionales”. El docente, por lo visto, ha de ser vocacional. El director, en cambio, profesional. Viniendo esta distinción de un conspicuo tecnócrata como Maragall, da una idea muy precisa de la escasa consideración en que tiene la función docente, la transmisión de conocimientos. Tomamos nota.rn

rnAsí que a los profesores directores no les basta con la vocación. A lo mejor es que necesitan sustentarla en elementos más mundanos que el espiritual concepto de vocación. Ahora quieren ser profesionales. Deber ser muy duro, para estos profesores vocacionales, renunciar a la docencia y verse obligados a cortar el bacalao. Un acto de sacrificio responsable que les enaltece. Y como compensación al abandono de la docencia que en tanta estima tienen, piden, y se les da, más sueldo y más poder. Profesional que es uno, sí señor.rn

rnCierto que, ante la falta de elementos objetivos que justifiquen algunas de las potestades reclamadas, siempre habrá mentes retorcidas que interpreten que la decisión de un director sobre un aumento horario de determinadas materias, o su reducción y hasta eventual supresión –eso piden, entre otras muchas cosas- pueda estar en relación directa con sus amistades y afinidades entre el personal subordinado, o con sus filias y fobias intelectuales. Y también, cómo no, puestos a desconfiar, que los nombramientos de profesorado a cargo del director puedan obedecer a otras motivaciones que las estrictamente profesionales. Hasta puede haber quien considere que las Administraciones modernas se inventaron para evitar las posibles suspicacias que tales prácticas arbitrarias sugieren –la ocasión hace al ladrón, reza el viejo dicho popular-. Ni caso. Siempre se trataría de gentes de natural desconfiado que nada quieren saber de la titánica y patriótica tarea de construir un sistema educativo a la medida del país. Muy en la línea de lo que tan certeramente ha apuntado el vástago de un ilustre prócer, hoy en el talego por chorizo, cuando afirmaba que el reciente encarcelamiento de su padre es una maniobra destinada a humillar a todo el pueblo catalán. Lo dicho.rn

rnPorque otro problema es que estos nuevos sheriffs educativos están haciendo el esfuerzo de renunciar a su vocación docente para asumir unas responsabilidades que les parecen insuficientes y para las cuales tampoco se sienten debidamente pagados. Y ojo que con eso no se juega. Quieren más, y más de todo. Cobrar más –reconocimiento, le llaman-, poder designar a los profesores -estabilidad de plantilla, es el eufemismo que utilizan-, hacer y deshacer a su antojo –autonomía de centro, dicen-, imponer ideario en los institutos y facultad para determinar el currículum del programa de estudios–proyecto educativo de centro- y la carga horaria correspondiente. Entre otras cosas, este sistema tiene la ventaja que podrán imponer las notas que haga falta para acogerse a los «contratos programa» que exigen el aprobado general a cambio de suculentas prebendas económicas, que ellos mismos gestionarán. Y de paso se acaba con el fracaso escolar. Queda meridianamente claro que si el sistema educativo no funcionaba hasta ahora, era porque los directores no disponían de patente de corso. Hay que joderse.rn

rnY todo esto ¿para qué? puede uno en su ignorancia preguntarse legítimamente. Porque lo cierto es que ninguno de los argumentos esgrimidos para justificar tal petición se sostiene lo más mínimo, a poco que los examinemos. Ellos hablan de sequía vocacional de directores, de falta de incentivos, de un nefasto sistema asambleario que, al parecer, impera en los institutos y, como solución, proponen una profesionalización que entienden como más sueldo, más poder y abandonar las aulas. Conviene saber a este respecto que los directores de instituto en Cataluña consolidan su sueldo directivo cuando dejan de serlo. Exactamente igual, por cierto, que los ex ministros en la época de Franco. Que son de los mejor pagados de toda España y que ganan en la actualidad una media de 700 euros al mes más que el resto de sus compañeros –de idéntica cualificación profesional y titulación, en algunos casos superior-. Tampoco es que muchos de ellos, salvo honrosos casos, que los hay, dediquen excesivo tiempo a la docencia. Algunos apenas pisan un aula, otros ni apenas, simplemente no la pisan, y toman esas horas de reducción a cuenta de las de otros compañeros. O aumentan la carga lectiva del profesorado por encima de la legalidad, con la aquiescencia de la Administración. Éste es el caso, sin ir más lejos, del instituto donde ejerce de director un alto cargo de Axia, asociación organizadora del evento. Y lo de los institutos «asamblearios» como argumento para aumentar la autoridad del director, no es que sea risible, ni tan sólo carcajeable, es simplemente una mentira. Cualquiera que conozca mínimamente el funcionamiento de un centro público de enseñanza sabe que el claustro de profesores, hoy en día, no pinta absolutamente nada. Así que, si de todo eso nada de nada ¿a qué tanto ruido de sables? ¿Qué quiere la guardia pretoriana? ¿Y el emperador que la aplaude? Para muestra, un botón o, mejor, una auténtica perla negra evacuada en forma de declaración. Cito textualmente del rotativo que publica la noticia:rn

rn"Fue en ese ámbito que el número dos de Educació situó la posibilidad de agrupar alumnos de distintas edades en una misma clase –algo que hoy sólo emplea la escuela rural, abocada por ello a la falta de usuarios- para poder lograr determinados objetivos definidos en un proyecto dinámico propio. No entró a enumerar las razones que justifican la adopción de una decisión de este tipo, pero se adivina que detrás de ello está la voluntad de cuestionar un sistema decimonónico: el de reunir a los niños nacidos dentro del año natural en un aula sin atender a más consideraciones, excepto en el caso de los repetidores".rn

rnIgnoramos si la segunda parte del texto –lo del siniestro sistema decimonónico agrupando niños por edades- se debe a la sagacidad del reportero, que habría sabido «intuir» las razones subyacentes a la genial propuesta del número dos, o a alguna confidencia discrecional. Se comprende, además, que el alto cargo no entrara a enumerarlas: son tantas, y es tal su enjundia, que citarlas hubiera sido excesivamente prolijo. Pues eso, unas cuantas sandeces que nos hemos ahorrado escuchar.rn

rnLa verdad, o nos encontramos ante la más antológica de las ignorancias –en su modalidad autocomplaciente- o ante el más redomado de los cinismos. Así que como la escuela rural anda falta de usuarios porque la gente no acaba de ver claro el modelo, lo que procede ahora es generalizarlo al resto de centros educativos. ¿Y ésa es la catadura de la gente que nos gobierna? Dios nos pille confesados. Mire, Sr. número dos, aquí lo único que hay de decimonónico es el modelo que están imponiendo usted, su número uno y toda la recua de adláteres que les ríen las gracias a cambio de jugosas prebendas. Un sistema clientelista basado en las fidelidades y las amistades, en el adoctrinamiento y el silencio acrítico, en el control social y en el abandono de la idea ilustrada de educación a favor de un modelo socialmente estratificado y regresivo. Una escuela para pobres y otra para ricos. Para que los pobres sigan siendo pobres y los ricos, ricos. Esto es lo que se esconde detrás de la artificiosa jerga diseñada por sus «expertos» y de las propuestas de sus edecanes. Así que, Sr. número dos, no confundamos los conceptos. Decimonónico es su proyecto, por cierto, en la acepción más peyorativa de dicho término. Y para llevarlo a cabo son necesarios directores fieles que actúen como correa de transmisión, o como sheriffs del lejano oeste. Como los Earp o los Clanton. Verá, se lo explico.rn

rnUna cosa es que alguien esté para garantizar y velar por el cumplimiento de la ley, sujeto a ella. Es decir, y para que lo entienda: que alguien represente a la ley. Otra muy distinta es que este «alguien» sea la ley. En el primer caso, podríamos hablar de un estado de derecho; en el segundo, de autocracia y caciquismo.rn

rnAcabáramos. El proyecto que se esconde detrás de las propuestas de los directores de Axia y del Conseller Maragall no es ni siquiera un modelo de gestión privada. En una empresa privada, al fin y al cabo, el empresario se juega su capital –aunque en educación y con los conciertos no sea así-. Aquí lo que se está proponiendo es un modelo de Administración propio del lejano oeste, a lo «O.K. Corral». Triste, pero adecuado nombre para muchos institutos en los tiempos que se avecinan si nadie lo remedia.


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