Elogio de la LOGSE0

Lectures (884) 12/03/2010, 09:40  |  Blog PROFESOR EN LA SECUNDARIA. José Luis González (joselu)  |  Etiquetes: #LOGSE, #LOE,

Es un lugar común entre algunos espíritus nostálgicos y obtusos lanzar vituperios contra la LOGSE, la ley general de educación que trajo la modernidad a nuestro sistema educativo extendiendo la enseñanza obligatoria hasta los 16 años y vertebrando coherentemente sus ciclos, así como aportando su filosofía de lo que es el aprendizaje basada en las corrientes pedagógicas más innovadoras en el mundo occidental.

Esos cipotes zampabollos reprochan a la LOGSE, como argumento más socorrido y zurumbático, que renuncia y no se plantea el conocimiento como objetivo. ¡El conocimiento! Vaya chascarrillo majadero. Ignoran o pretenden ignorar que vivimos en una sociedad dada. Una sociedad democrática no gobernada por el espíritu de las élites sino de los valores sociales de la mayoría, y que es una sociedad liberal vertebrada por el valor del mercado. Nuestra esencia es el mercado, el juego entre oferta y demanda. Nuestros alumnos se preparan para incorporarse eficazmente y entrar en ese juego. No los estamos preparando para la Atenas de Pericles. No estamos formando a pretendientes de intelectuales beocios, ni a miembros de la academia estoica o platónica. No estamos en jardines en que conversamos como peripatéticos tuturutos buscando el conocimiento con Aristóteles como maestro. ¡El conocimiento! ¡Ya ven! Nuestros alumnos deben participar de los valores de la mayoría social, una mayoría que no acepta hace mucho tiempo valores exquisitos ni que sean de la considerada cultura. Ya no existen popes sublimes que tengan autoritas para juzgar qué es culto y qué no lo es. El ciudadano medio aspira a un razonable grado de felicidad y de vulgaridad (no temamos la palabra), de bienestar económico y de capacidad de consumo que le permitan desarrollar su vida con un trabajo y una familia. Y para ello no hace falta convertir a los sujetos del sistema educativo en expertos en filosofía, ni requiere demasiados conocimientos de historia, ni tienen por qué rendirse ante las excelencias de la literatura clásica –por otra lado, tan anacrónica- . La cultura no es un ingrediente imprescindible para convertirse en ciudadano en plenitud de derechos. En muchos sentidos se puede decir que la cultura dificulta la vida moderna. La cultura nos convierte en insatisfechos, en dubitativos, en escépticos. Casi diríamos que en mojigatos. Y no es eso lo que nuestro mundo necesita.

Nuestro mundo participa de la filosofía del mercado. No existe nada fuera del mercado. Alguna corrección y puntualización si acaso. El sistema educativo debe preparar a los jóvenes para incorporarse al mundo productivo, a ser útiles a la sociedad que tiene en el consumo su motor de desarrollo. ¿Hay alguien que ponga en cuestión esto? Es un tópico atacar a la sociedad de consumo entre algunos progres necezuelos partidarios de la economía cubana o iraní, pero el acceso al consumo de las masas ha permitido la creación de las sociedades más prósperas de la historia y ello con sistemas democráticos que garantizan las libertades. Hay que preparar a los jóvenes para que se conviertan en piezas solidarias de esos valores. Y para ello no hay que predisponerlos contra el sistema ni a ser críticos con él atacando sus fundamentos. Es absurdo plantear que no exista la libre competencia, ni que los gobiernos no tengan el poder real que estaría en manos de los bancos, ni que las crisis las pagan siempre los mismos, o que el mundo se base en la explotación de unos por otros. Eso son claroscuros de nuestro sistema, pero que refulge brillante a pesar de los desajustes ocasionales.

Nuestro sistema educativo debe ser eficaz, no generar individuos rebeldes y sí productivos que ansíen el progreso individual que es garantía del progreso general. Deben buscar legítimamente enriquecerse. Ello es una garantía de libertad. No hace falta ni es deseable un sistema de educación en contradicción con nuestra filosofía liberal. El ser humano moderno no necesita de la excelencia –tan sospechosa por otra parte-, ni debe sacralizar el conocimiento en abstracto, tan inútil en cuanto tal, para convertirse en consumidor responsable. Necesitamos ciudadanos flexibles que sepan adaptarse a las necesidades del mercado, a los cambios y transformaciones ideológicos que están sufriendo nuestras dinámicas sociedades para entender la esencia del siglo XXI. Nuestro mundo está en trance de experimentar mutaciones formidables. No hacen falta individuos marcados por el pasado ni por el exceso de la llamada cultura. El sistema educativo debe crear individuos que administren unas competencias básicas, tolerantes, que sean capaces de cooperar, que sepan aprender por sí mismos sin excesiva necesidad de un profesor que crea tener las llaves del saber y tienen que incorporarse al mundo tecnológico sin hacerse demasiadas preguntas que sabemos que no tienen respuesta. El conocimiento añade dolor. Y necesitamos ciudadanos conscientes de sus valores que no sufran demasiado. El consumo satisface y calma nuestras ondas de tristeza, y si esto falla, tenemos la industria química que produce sustancias que nos aligeran de nuestro malestar vital.

El franquismo creó un sistema educativo que algunos todavía añoran. Pero dividía a la sociedad entre los individuos pensantes y los que estaban diseñados para trabajar. Hoy día ya sabemos que lo primero es innecesario y perjudicial. Caminamos hacia un mundo nuevo sin pesar ni cadenas del pasado. Cuando se jubile toda esa generación de nostálgicos y mastuerzos, la LOGSE (o LOE) podrá al final ser una realidad y mostrar toda su dimensión y alcance.

http://olahjl2.blogspot.com/2010/03/elogio-de-la-logse.html


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