Educación, ¿para qué?0

Lectures (540) 09/11/2010, 09:36  |  La Vanguardia. Oriol Pi de Cabanyes

Según el último Racòmetre, la educación ya está en la tercera posición de "lo que interesa a la gente", tras la economía o el trabajo. Pues quién lo diría. Porque la deseducación avanza, en casa y en la calle, y la escuela no puede hacer lo que en el fondo no queremos que haga: enseñar, aunque cueste, que todo tiene sus límites. Y sus consecuencias. La educación es un bien público, como la sanidad. Y si es un bien público, lo que la sociedad en su conjunto no puede permitirse es que, en nombre de unas ideologías que la experiencia ha demostrado totalmente inadecuadas, se continúe propagando también en la escuela la epidemia de irresponsabilidad que tanto fracaso ha causado en varias generaciones.

Es toda la sociedad la que educa o deseduca. Pero aquí los que también suspenden son los valores mayoritarios. Sin cuestionarlos de raíz, hemos perdido demasiados años discutiendo aspectos colaterales de la cuestión: que si barracones, que si la jornada intensiva, que si la semana blanca, que si portátiles a los doce años. Pero se nos ha escapado lo principal, que es el sentido que tiene la educación en una sociedad, y para qué sirve.

¿Qué se quiere? ¿Consumidores compulsivos y al albur del capricho o mentes abiertas a la reflexión y a la crítica? El actual sistema de cosas mantiene a la inmensa mayoría en la minoría de edad: carne de cañón, inermes ante la más mínima dificultad, tan poco resistentes a la frustración como víctimas propiciatorias de toda clase de viejas y nuevas esclavitudes.

Y si está en disolución, como parece, la misma idea de sociedad (que debería situarse como estadio superior al de la mera comunidad de afectos), y si está también en crisis el concepto de bien público, si sólo cuentan los intereses particulares, entonces ¿de qué se habla cuando se habla de la enseñanza obligatoria hasta los dieciséis años?

Buena parte de la escuela secundaria pública va camino de convertirse en una gran empresa de servicios asistenciales y de ocio que mantiene al baño maría a muchos consumidores en ciernes. ¿A quién conviene que tantos no puedan llegar a adquirir ninguna capacidad de raciocinio, ni mucho menos de crítica o de autocrítica?

Educación, ¿para qué? ¿Qué rendimiento social esperamos obtener de tanto dinero público invertido en formación?


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