Máster de Secundaria: cómo 'jibarizar' al profesor en un año 0

Lectures (1547) 18/11/2010, 10:04  |  El Confidencial. José Penalva  |  Etiquetes: #LOGSE, #LOE,

El MEC acaba de celebrar en Toledo un Congreso sobre el Máster de Formación del Profesorado, otra campaña publicitaria de Gabilondo para hacer como que hace, en su línea habitual. Porque el máster es más de lo mismo: un CAP de mayor duración. El programa del curso se ha vuelto a diseñar al margen de las necesidades de los profesores, la escuela y la enseñanza. Las facultades de Educación han hecho un programa teniendo en cuenta exclusivamente las necesidades de los departamentos, dando más protagonismo al área del catedrático con más poder-control. En materia de formación del profesorado nada nuevo se hará mientras no se afronten dos problemas: primero, la desconexión entre teorías y leyes, y las necesidades educativas reales; segundo, la endogamia universitaria, ese vergonzoso cáncer social del que nadie habla.

En lo relativo al primer problema hay que tener claro que en el sistema educativo español lo que fracasa es el modelo de profesor made-in-Logse. Tal modelo (LODE-LOGSE-LOE) se rige por tres principios: primero, la escuela made-in-Logse es un medio privilegiado para conseguir una sociedad democrática-igualitaria (principio político). En consecuencia, el conocimiento educativo es fruto de la construcción participativa de toda la comunidad (principio epistemológico). El profesor carece de autoridad en lo relativo al conocimiento; es más, la autoridad del profesor es un peligro para la democracia, como afirma uno de los padres de la Logse:

“Para que la sociedad más amplia o la comunidad inmediata puedan decidir qué educación quieren es imprescindible que no puedan hacerlo en su lugar los profesores y profesoras. Las prerrogativas y competencias de los grupos profesionales son, en todo caso, límites u obstáculos a la democracia” (M. Fernández Enguita, 2002).

Segundo, el profesor made-in-logse tiene una función puramente técnica-instrumental (uso de herramientas didácticas) con el objetivo de adaptarse al nivel psicológico de cada alumno.

Tercero, el conocimiento es relativo (al contexto social y al nivel psicológico). De modo que las asignaturas son meros paquetes de información precocinados. La misión del profesor es ayudar al alumno, mediante herramientas didácticas, a cocinar al gusto esos paquetes (constructivismo). El aprendizaje acaece cuando el alumno elabora y cocina a su gusto aquellos paquetes de información, y de ese modo lo dota de significado desde la propia subjetividad (principio de significatividad).

Tal idea acerca del profesor (el profesor made-in-Logse) se ha producido del siguiente modo: la definición viene dada desde una esfera teórica a priori y externa al mundo educativo (esto es, la pedagogía universitaria, desde la perspectiva disciplinar, básicamente psicológica). La definición se ha producido al margen de la práctica (y de los problemas concretos), y al margen de los profesionales (y de la utilidad instrumental del conocimiento). Se confunde, pues, el ámbito de la teoría con el mundo de la profesión. Además, no considera en absoluto el ámbito de los procedimientos (cómo llevar a cabo los objetivos educativos), inherentes a la práctica profesional.

Ahora bien, desde esa instancia a priori, los pedagogos áulicos del paradigma Logse (Marchesi, Coll, Enguita, Esteve...) la emprendieron contra el profesor, en tres frentes: el estatus profesional (igualando Primaria y Secundaria), reducir la identidad profesional, y estigmatizar y culpabilizar al profesor que no cumple los preceptos Logse. El resultado de todo ello: la jibarización del profesor, de modo que se reduce la identidad profesional a: I) practicismo (el profesor no piensa los fines de la educación), II) tecnicismo (predominio de técnicas didácticas: no importa qué se enseña, sino cómo), y III) puro asistencialismo social (eso que criticaba el socialismo del XIX y principios del XX).

Reforma educativa

La clave de una reforma educativa sólida es aportar un modelo de actividad profesional capaz de atender a las dimensiones esenciales de la acción: I) fines (que deben ser educativos), II) procesos y procedimientos para llevarlo a cabo de modo viable, y III) evaluación de los resultados. Este marco de acción educativa sólo puede ser real si el profesorado es capaz de analizar los problemas del sistema educativo, de la enseñanza, del currículum, etc., y con capacidad de proponer proyectos educativos alternativos; presentar un proyecto de realización viable; y producir resultados educativos de calidad. En consecuencia, de cara a poner unas bases sólidas para la reforma educativa, son imprescindibles tres medidas.

Primero: conectar el mundo de los objetivos educativos con el ámbito profesional. No se puede pensar sobre los fines, objetivos y metas de la educación al margen de actividad profesional. Dicho de otro modo, los profesionales (los profesores) deben pensar la educación.

Segundo: la “comunidad de investigación educativa” debe ser “interna” al cuerpo profesional del profesor. Es decir, “la comunidad de investigación” debe estar compuesta por el mismo profesorado (de Primaria y Secundaria).

Tercero: para que el profesor pueda pensar, la educación, el estudio y la investigación deben formar parte de la actividad del profesor. Dicho de otro modo: la práctica es sólo un elemento de la actividad docente, junto con el estudio y la investigación permanente.

Los beneficios de estas medidas, entre otros, son los siguientes: mayor eficacia a la hora de conectar los objetivos educativos con los medios para llevarlos a cabo; esa es la vía para la mejora de resultados escolares. Actualización del conocimiento, y, por tanto, la educación daría respuesta efectiva a las necesidades del presente. Si el profesor es capaz de atender a los fines y de proponer medios eficaces, existe capacidad de innovación, de creatividad, o de resolución de problemas, y, en consecuencia, cabe esperar una auténtica superación de los contextos de partida. Pero, sobre todo, reforzaría desde su raíz la profesión docente, porque atendería de un modo más adecuado a las necesidades del “sujeto” que realiza la acción profesional: el profesor. Por tanto, o se empieza la reforma por el profesor, o todo será en vano.


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