Agresiones escolares0

Lectures (369) 12/02/2011, 10:02  |  Diario Vasco

Dos acontecimientos paralelos han vuelto a poner sobre la mesa el problema de los comportamientos violentos y hostigadores en el ámbito educativo. Ambos hechos tienen un cariz distinto.

Por una parte, la sentencia por responsabilidad patrimonial impuesta a los padres de los menores que acosaron a su compañero Jokin Ceberio, quien se suicidó en 2004 en Hondarribia, recuerda aquella tragedia que hizo aflorar lo que significa el acoso escolar y la gravedad de los estragos que éste puede llegar a provocar.

Por otra, la presunta agresión de una madre a una profesora en un colegio de Bilbao, por la que el Gobierno Vasco pedirá una pena excepcional de dos años de cárcel para la acusada, engrosa una realidad que ha ido aflorando también los últimos años y que sitúa al profesorado ante situaciones muy vulnerables para su integridad física y moral. Un caso ya sido revisado por los tribunales y el segundo lo será en breve. Es, sin duda, a la Justicia a la que corresponde pronunciarse en último término sobre circunstancias extremas que tienen lugar, además, en un espacio tan delicado como el escolar, donde la convivencia normalizada debe socializarse desde edades tempranas y con la necesaria comprensión entre los educadores y las familias. Pero es justamente por ello por lo que la escuela tiene que ser no solo un ámbito en el que la dignidad personal ha de preservarse y ser puesta en valor. También debe ayudar a detectar conductas potencialmente peligrosas y destructivas.


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