Más conejos 0

Lectures (538) 27/06/2011, 09:26  |  La Vanguardia. Imma Monsó

Érase una vez un muñeco algo siniestro que quería ir a la escuela: "Hoy mismo quiero aprender a leer; mañana, a escribir, y pasado, las cuentas. En cuanto sepa todo esto ganaré mucho dinero y con lo primero que tenga le compraré a mi papaíto una buena chaqueta de paño. ¿Qué digo de paño? ¡No; ha de ser una chaqueta toda bordada de oroy plata, con botones de brillantes! ¡Bien se lo merece el pobre! ¡Es muy bueno! Tan bueno que para comprarme este libro y que yo aprenda a leer ha vendido la única chaqueta que tenía y se ha quedado en mangas de camisa con este frío".

Pero, ay, el muñeco se comportó como lo que era, una marioneta, y aunque logró dominar el proceso mecánico por el cual se aprende el código, nunca consiguió dominar la lectura como un instrumento de conocimiento del mundo que le rodeaba: para usarla de un modo profundo e imaginativo necesitaba más tiempo, más esfuerzo, muchas más lecturas.... Pero tentaciones (y presiones) sociales de todo tipo le impidieron dar este paso suplementario. Cuando volvió al recto camino, lo único que consiguió Pinocho fue convertirse en un futuro esclavo sumiso.

Como contó hace años Alberto Manguel en un precioso artículo de la revista Letras libres,la superficial experiencia lectora del personaje de Carlo Collodi se opone a la que acontece en el País de las Maravillas, donde el lenguaje recupera la riqueza y la ambigüedad que suelen conferirles los bien entrenados en la lectura.

Así, en A través del espejo dice Humpty Dumpty: "Cuando utilizo una palabra significa exactamente lo que quiero que signifique, ni más ni menos". Gran diferencia hay entre la fiesta de lenguaje y de significados que nos propone el genial conejo y el aprendizaje de la lectura que hace el aburrido Pinocho. Pinocho fue un analfabeto funcional avant-lalettre.Aunque se convirtió en niño, nunca dejó de ser una marioneta obediente al mandato del Hada Azul al final del cuento: "Sé bueno y sensato, y serás feliz".

Para la escuela, el poder siempre ha preferido este último modelo, el de la pinochotización, y no es casual: prefiere que los súbditos lean sólo superficialmente, lo justo para entender las consignas, los eslóganes y los anuncios de desodorantes y de planes de inversión. Lo raro es que ahora sus representantes se quejen. Conselleras y ex consellers lamentan que los alumnos de sexto de primaria no entiendan lo que leen, denuncian que los universitarios con alta nota de corte sean incapaces de entender un texto con un mínimo nivel de abstracción. ¿Qué esperaban, después de haber permitido que se denostara la cultura del esfuerzo, menospreciara la de la memoria y desmantelaran las humanidades (hasta tal punto que andan esta semana flotando por la Francia vecina tres mil copias de selectividad de Filosofía sin profesor de ídem que las corrija pues, tras llevar años cargándoselos, escasean)? No sé yo qué esperaban o esperábamos, pero sí noto que empezamos a echar de menos la aparición de conejos no sólo capaces de indignarse, sino incluso de tener ideas realmente interesantes y complejas, conejos capaces de subvertir las palabras y los hechos de un modo inteligente y no sólo para el espectáculo o el chiste fácil... Tal vez, como bien dice Manguel al final de su artículo, la crisis de una sociedad es siempre una crisis de la imaginación... En cualquier caso, de seguir así, conejos geniales en la línea de Humpty Dumpty habrá que buscarlos con lupa. Pues igual hasta llevaba razón cuando le dijo a Alicia: "Bien pudiera ocurrir que nunca más vieras a otro como yo".


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